Por Marcos Silva Martínez.
Debe calificarse como desastre político-social, el hecho de que una nación no logre superar el atraso socioeconómico, durante decenas y decenas de años de ejercicio del poder político.
La consecuencia de ese hacho es que sus ciudadanos tengan que afrontar y soportar, pobreza, miseria, desempleo, subempleo, exclusión, desplazamiento, violencia e inseguridad social.
Es lo que se padece en Colombia, con cualquier gobierno, hasta ahora.
El concepto democracia, los explotadores del poder público y económico, lo interpretan y utilizan de acuerdo con sus personales y mezquinos intereses.
El festín electoral, de ninguna manera significa democracia. Es una ficción de democracia.
La real democracia se hace efectiva, si las diversas instancias del poder y ejercen funciones que conduzcan a efectivizar prosperidad y calidad de vida para todos. Eso nunca ha ocurrido en Colombia, desde que el pueblo elige sus gobernantes.
Bolívar sentenció que la mayor tiranía y opresión a que pueden ser sometidos los pueblos, en nombre de la democracia, es la que se fundamenta y soporta sobre la ignorancia de las mayorías. Las mayorías, esa gran masa popular, por los resultados de las elecciones, no la entienden así y se resigna. No es extraño oír decir: “nos tocó esta suerte”. “qué le vamos a hacer”. Parece que desconocen que hay responsables, de su pobreza y su miseria y atraso.
Los resultados de las pasadas elecciones son contundentes. El volumen de votos por el representantes de la extrema derecha (liberal, conservadora y de avivatos), es la mejor demostración de ignorancia e irresponsabilidad del elector y al tiempo, consecuencia de la alta abstención electoral.
La ignorancia del elector y la irresponsabilidad social de los pregoneros de la mentira, impiden al elector saber quién es el candidato. Qué antecedentes o prontuario tiene. Qué se propone. Qué se puede esperar de él.
Por esa causa, la gran muchedumbre, que concurre a votar, se equivoca y vota su voto, bajo el espejismo y la manipulación a que es sometida, con retórica y discursos engañosos, desde hace más de 200 años en Colombia. Por eso el elector, no sabe o no entiende que el candidato de Uribe, IVAN DUQUE, viajó a Brasil a entrevistarse con los corruptores contratistas ODEBRECHT, a sabiendas de cuál era el inmoral objeto del viaje. Ese es el que quieren imponer, para que la corrupción y la inmoralidad siga creciendo.
La ignorancia y la irresponsabilidad social, no permiten conocer lo que hacen y deshacen los dueños del poder público, generalmente contra los intereses de las mayorías excluidas, despreciadas y empobrecidas.
Los traficantes de la politiquería, desarrollan habilidades retóricas y discursivas, siempre engañosas, que les permite que el elector, bajo el yugo de su ignorancia, les crea. Por eso se mantienen en el poder político y económico. Y por eso las mayorías se mantienen en la pobreza y la miseria.
Bajo esos criterios y con el uso de la amenaza, la mentira, las falsas promesas y el sometimiento de conciencia, se impusieron; el nazismo, el fascismo, el Truán Trump, Uribe, Santos, Fujimori, Macri, Rajoys, entre muchos otros y bajo esas banderas, consignas y objetivos, se propusieron institucionalizar el estado de opinión y la cultura espectáculo, por sobre la ética, la moral y la razón.
La extrema derecha, con todo tipo de tramoya, a toda costa quiere reeditar el inmoral modelo de gobierno, para que todo siga igual, en la concentración de la riqueza y el mantenimiento de la pobreza y el atraso socioeconómico. El elector debe reflexionar sobre esta macabra realidad.



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