Por Carlos Tobar
La Fiscalía General de la Nación y el Instituto de Medicina Legal, presentaron las estadísticas, en lo corrido del año, de la violencia contra la mujer en la sociedad colombiana. Una primera conclusión es que, de seguir el comportamiento violento contra el género femenino en la forma que se ha venido dando, este será un año record, es decir, que la violencia hacia la mujer está creciendo de manera escandalosa. Algunos analistas dicen que tal vez sea porque, en los últimos tiempos, las denuncias de este tipo de hechos, se han incrementado porque las afectadas están perdiendo el miedo de hacerlo. Otros sostienen que, es un comportamiento creciente por varios fenómenos disfuncionales de la sociedad que hemos construido a lo largo de decenas de años. Lo cierto es que, desde el punto de vista del reconocimiento legal de los derechos de la mujer se ha avanzado, sobre todo, después de la Constitución del 91, aunque todavía quedan remanentes culturales de la sociedad heredada del siglo diecinueve.
Es inadmisible que, entre enero y abril de este año 21.979 mujeres hayan sufrido por la violencia ejercida contra ellas. Si proyectáramos esa cifra al año completo, tendríamos una cifra escandalosa superior a las 60.000 mujeres que, en todas las regiones del país, en todos los estratos sociales, de todas las edades…, están sometidas a un trato inhumano, violador de los derechos consagrados en las normas básicas de la sociedad contemporánea. Que, hechos como el homicidio contra ellas, el conocido como delito de feminicidio, o el abuso sexual, o la violencia intrafamiliar o interpersonal estén creciendo en nuestra sociedad, que no haya un día, donde por los medios de comunicación no nos enteremos de casos escandalosos que indignan a la sociedad, sin justificación alguna para que eso suceda y que, se presente de manera creciente debe llamar a la reflexión.
¿Por qué se está dando este comportamiento aberrado frente al género femenino? En mi opinión son varias las causas. Una es la cultura machista enraizada en la sociedad colombiana por la herencia patriarcal feudal de la época colonial y buena parte de la era republicana, donde la formación judeo-cristiana puso por debajo, en la escala social, a la mujer frente al hombre. La sublimación de tal hecho, está tan arraigada, que incluso en casos en que es evidente la violencia física extrema, la mujer afectada justifica al hombre agresor con argumentos como “déjelo que es mi marido”. Pero, sobre todo es patente en la cultura del sometimiento mediante la inducción de la resignación cristiana. Otra razón, es la desigualdad en el trabajo; no solo en el acceso a él, sino en la remuneración. La desigualdad económica pone en condición de inferioridad a la mujer, tanto que muchas veces la violencia toma la forma de chantaje sicológico. No obstante, estas razones se ven amplificadas por el alto grado de descomposición social que afecta a la sociedad colombiana contemporánea: una sociedad de familias con mujeres cabezas de hogar, o madres solteras, o mujeres y hombres con varias relaciones de familia (varios padres o madres para los hijos), o hijos criados por abuelos o tíos, etc., están multiplicando condiciones que estimulan la pérdida de valores y la violencia contra la mujer. Las consecuencias son, desde el punto de vista de la sociedad que tenemos, nefastas. Esta denuncia que estamos haciendo, es prueba de ello.

