En tiempos donde la geopolítica se disfraza de espectáculo y los imperios se sostienen sobre la arrogancia, la humanidad parece acercarse a un punto de quiebre. Ruido de los canales de comunicación cuando el débil, ya no teme - TVNOTICIASCOL

Ruido de los canales de comunicación cuando el débil, ya no teme

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En tiempos donde la geopolítica se disfraza de espectáculo y los imperios se sostienen sobre la arrogancia, la humanidad parece acercarse a un punto de quiebre.

Las guerras ya no se libran únicamente con armas, sino con narrativas, algoritmos y desinformación.

Hace cinco años, los canales de comunicación de los Medios tradicionales aún tejían el relato oficial.

Hoy, las redes sociales han democratizado la voz, pero también han multiplicado el ruido.

La historia nos ha enseñado que ningún imperio sobrevive a su propia soberbia.

Roma cayó, Persia cayó, y caerán los que hoy se creen invencibles.

Lo que antes era una presa, hoy aprende a confundir, a atacar, a sobrevivir.

En la naturaleza, como en la política, el instinto de guerra no pertenece solo al depredador.

Loa canales de comunicación se adaptan, se vuelven más astutos, más feroces. Y cuando el débil ya no teme, el fuerte tiembla.

Los líderes que hoy se burlan de la justicia, que desprecian la educación, que gobiernan con chismes y presunciones, no entienden que el mundo ya no les pertenece. La humanidad está harta.

Las comunidades están despertando. Y el caos que se avecina no será producto de meteoritos ni profecías, sino de la acumulación de abusos, silencios y mentiras.

No se trata de desear violencia. Se trata de advertir que cuando se ignora al pueblo, cuando se pisotea la dignidad, cuando se criminaliza la diferencia, el orden se convierte en desorden. Y ese desorden será brutal, porque no será espontáneo: será consecuencia.

Hoy, más que nunca, necesitamos voces que no callen, que no se vendan, que no se distraigan. Voces que entiendan que la lucha no es entre izquierda y derecha, sino entre humanidad y deshumanización. Que la verdadera guerra no es por territorio, sino por sentido.

Porque cuando los canales de comunicación dejan de correr, el depredador deja de ganar.


Por Luisa Cadis.

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