Fidel Cano, director de El Espectador, reconoce ahora que mucho de lo que han publicado contra el gobierno Petro era mentira. Y aun así, sale orondo, casi ufano, frío, impacible, reclamando una inocencia que no tiene, a echarle la culpa a otro —a ese mismo funcionario al que hoy convierte en chivo expiatorio— como si él no hubiera sido el guardián máximo de la sala de redacción que permitió la calumnia, la infamia y la manipulación. Que el director admita que su propio medio ha sido un aparato de desinformación no es un acto de contrición. No, señor Fidel Cano. Es más bien la radiografía de la descomposición interna del periodismo que usted lidera. ¿Ahora resulta que no se dio cuenta de que El Espectador se convirtió en un pasquín disfrazado de prensa seria? ¿Que solo hoy descubre lo que para el resto del país era evidente desde hace años? El director del diario El Espectador lavarse las manos con tinta sucia - TVNOTICIASCOL

El director del diario El Espectador: lavarse las manos con tinta sucia

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Fidel Cano, director de El Espectador, reconoce ahora que mucho de lo que han publicado contra el gobierno Petro era mentira.

Y aun así, sale orondo, casi ufano, frío, impacible, reclamando una inocencia que no tiene, a echarle la culpa a otro —a ese mismo funcionario al que hoy convierte en chivo expiatorio— como si él no hubiera sido el guardián máximo de la sala de redacción que permitió la calumnia, la infamia y la manipulación.

Que el director admita que su propio medio ha sido un aparato de desinformación no es un acto de contrición. No, señor Fidel Cano. Es más bien la radiografía de la descomposición interna del periodismo que usted lidera. ¿Ahora resulta que no se dio cuenta de que El Espectador se convirtió en un pasquín disfrazado de prensa seria? ¿Que solo hoy descubre lo que para el resto del país era evidente desde hace años?

Y para coronar el descaro, ahora pretenden que creamos que al que llama “aprendiz” engañó a todo el equipo de El Espectador.

Qué conveniente. Qué funcional.

Qué insulto a la inteligencia del país. ¿Un medio con editores, verificadores, jefes de sección y un director al mando, cayendo en trampas de un recién llegado o pichón de periodista?

Esa excusa no solo es ridícula: es la prueba del desprecio que sienten por sus lectores.

Porque un periódico serio no cae en engaños tan burdos; un pasquín, en cambio, sí necesita inventarse un culpable pequeño para esconder la responsabilidad grande de su ignomia.

Y aquí la responsabilidad mayor tiene nombre propio: la dirección que permitió, alentó y protegió la mentira y la calumnia.

No hay tal inocencia. Usted no es víctima de engaño alguno: es tan responsable como el señalado por usted. Porque quien tolera la mentira, la avala. Quien permite la calumnia, la promueve.

Y quien intenta lavarse las manos a estas alturas, en vez de reivindicar la verdad y reparar el daño, simplemente confirma lo que muchos sospechaban: que detrás del discurso de la ética periodística se escondía un personaje nefasto dispuesto a permitir cualquier exceso con tal de sostener un relato político.

Y que quede claro: cuando un director reconoce que mintió, pero no asume su responsabilidad, no estamos ante un deslinde ético sino ante la confesión de un operador político atrapado por sus propias trampas.

El país no necesita «periodistas» que pidan perdón a medias que buscan salvar su pellejo, sino medios capaces de desmontar las redes de poder que los gobiernan desde la sombra.

Usted, señor Cano, tuvo la oportunidad de honrar la verdad y decidió prostituirla.

Tuvo la oportunidad de publicar la «información» y tacharla de falsa, pero no lo hizo porque no le conviene.

Y hoy, cuando intenta escabullirse entre excusas, no hace más que confirmar que la verdadera podredumbre informativa no fue un accidente: fue una estrategia.

Una estrategia burda, cruel y profundamente antidemocrática, que el pueblo ya aprendió a reconocer… y a derrotar.

«El periodismo hegemónico está más corrompido que la política» (David Velez) este señalamiento cobra cada día más realidad en el «periodismo» Colombiano.

PD: La palabra -hegemónico- en la la frase de David Velez es mía.


Por Stella Ramírez G.

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