Por Aníbal Charry González.
Más se demoró el Gobierno en anunciar que se había llegado a un preacuerdo con la minga indígena para levantar el bloqueo de la vía Panamericana con el fin de facilitar la llegada del presidente Duque a la zona y continuar con las negociaciones, que el senador Uribe fiel a su talante saliera a echarle gasolina al incendio manifestando en un tuit, que era “preferible cerrar esa carretera, mejorar y cuidar la alterna, que firmar acuerdos con la minga apoyada en el terrorismo”. Y su recadero Macías hacer lo propio afirmando que eran “demasiado costosas las consecuencias de la minga. Todo por la irresponsabilidad del gobierno anterior que firmó acuerdos que no cumplió y del CRIC que permitió la infiltración violenta”. Es decir la satanización de siempre de la minga del establecimiento contra la minga indígena, atizando los odios y la violencia.
Porque hay que decir que son las dos mingas también de siempre, de indígenas y campesinos por un lado reclamando sus derechos y el despojo de tierras, y la minga del establecimiento integrada por políticos, ganaderos, paramilitares y narcotraficantes, negando sus legítimos derechos y reclamaciones sindicándolos de subversivos y terroristas, que tienen más de 300.000 hectáreas y siguen pidiendo más acudiendo a las vías de hecho que tienen que conjurarse por medio de la violencia para que sigamos con la sangrienta espiral, como lo reclaman en un solo grito de guerra los demás integrantes del Centro Democrático, tergiversando a su amaño las justas reivindicaciones de los pueblos indígenas.
Porque hay que decir en aras de la verdad, que la protesta no es producto exclusivo del incumplimiento del gobierno de Santos como lo afirma el mandadero Macías, que le echa la culpa hasta de los estragos que causan las fuerzas de la naturaleza en este martirizado país, sino el incumplimiento inveterado de todos los gobiernos a más de 1.300 acuerdos durante 20 años a la población indígena no solo del Cauca sino de toda Colombia, que no ha tenido más alternativa que radicalizarse para ser oídos y que les cumplan. Y que no es cierto que tengan 300.000 hectáreas en cabeza del CRIC para dedicarlas a la agricultura como lo dijo Duque, pues de las 31 millones de hectáreas tituladas en tierras de resguardos indígenas, el 89.6% son tierras de conservación y desérticas como en la Guajira; y solo un 7.6% son aptas para la producción según el Censo Nacional Agropecuario.
Aquí en esa división de las mingas de marras, se escandalizan cuestionando la protesta indígena con las 49.000 hectáreas que piden para la agricultura, pero no se dice nada de los 4 millones de hectáreas despojadas por la minga violenta, ladrona y desplazadora, de las cuales no se ha podido devolver ni el 10%; y que los ganaderos tienen 22 millones de hectáreas de las mejores tierras para la agricultura. ¿De quién debe ser entonces la tierra, y será que solo tendremos paz cuando toda Colombia sea un enorme Ubérrimo? Como con tino lo interrogara Santiago Gamboa en su columna de El Espectador. Esas son las mingas.

