Por Carlos Tobar
¿Sabía usted que, un ciudadano del mundo al nacer carga con una deuda per cápita de 21.866 euros? Convertida a pesos colombianos son algo más de 73 millones de pesos, de los cuales según el analista Aurelio Suárez, en el caso colombiano, $10 millones, corresponden a la deuda interna.
El monto total es 164 billones de dólares, una cifra que agobia, porque, aunque casi nadie lo entienda y lo crea, la estamos pagando con nuestro trabajo e impuestos. Asusta, no.
Si no hemos asumido tal compromiso personal ante ninguna entidad bancaria o financiera, ¿Cómo así que estamos respondiendo por esa cifra millonaria?
La explicación viene de la política económica dominante en el mundo globalizado de hoy, donde el negocio más importante y jugoso, es el financiero.
De manera particular, el viejísimo negocio del crédito, de prestar plata a interés que, en esta época de excedentes extraordinarios de capital a nivel mundial (Las grandes multinacionales y los grandes bancos de crédito e inversión, obtienen anualmente ganancias fabulosas a las que hay que buscarle mercados), es la actividad económica de mayor peso en el PIB mundial.
Sumémosle que, a causa de una de las crisis capitalistas periódicas de sobreoferta más graves de la historia reciente, la recesión de finales del año 2008, los bancos centrales de las grandes potencias económicas (EEUU, CEE, Japón, China), decidieron emitir cifras astronómicas de dinero sin respaldo productivo, para comprar los productos financieros “tóxicos” de sus bancos privados y públicos.
Algunos ejemplos de esta política ventajista: el Banco de Reserva Federal de los EEUU, emitió US$85.000 millones mensuales desde 2008 hasta el año pasado, igual medida tomó el Banco Central Europeo y el Banco de Japón (que, aún la mantienen), durante un período similar, mientras China ha emitido el 75% del crédito extraordinario mundial en ese período, todos para evitar que su crecimiento económico se paralice.
Con niveles de deuda que, en el caso de los países ricos iguala o supera el 100% del PIB anual, y en el caso de los países emergentes o en desarrollo, porcentajes que bordean el 50% del PIB anual, como el colombiano, la bomba de la deuda mundial amenaza con estallar, y desquiciar el orden económico y financiero mundial.
Los gobiernos, al pisar el acelerador del crédito, han sorteado la recesión, pero podrían estar hipotecando el futuro económico de sus países.
Cadáveres insepultos de deuda como los de Argentina e Italia, obliga a abrir los ojos, a estar atentos.
La economista norteamericana, Carmen Reinhart, de Harvard, una especialista del tema de la deuda “dice que los mercados emergentes están en un punto más difícil que durante la crisis del 2008”.
Una campanada de alerta para un país como Colombia que, además, sufre un déficit estructural de sus finanzas públicas.
En el presupuesto de este año, una de las partidas más grande, cerca de 50 billones de pesos, está destinada al pago de la deuda.
No se entiende cómo el nuevo presidente, Iván Duque, está proponiendo disminuir los impuestos a las empresas, sin tener alternativa de ingresos para remplazarlos.
La única explicación sería que su gobierno acudirá a la reducción de la inversión social, es decir, recortes en salud, educación, subsidios a la vejez o familias en acción, o a las pensiones.
¿Ahora, si se entiende la grave situación de la economía mundial? Preparémonos para situaciones de extremas dificultades. Alguien tendrá que pagarla.
