Por Aníbal Charry González
Muestra patente de la impotencia del Estado colombiano para combatir y someter la delincuencia de todo pelaje que tenemos, es el proyecto que pretende presentar el Gobierno nacional para supuestamente someter a las bandas criminales para que sea tramitado en el Congreso vía Fast Track, que consagra una serie de gabelas como incrementar la rebaja de penas por colaboración además de las que ya existen; la posibilidad de que los criminales se puedan quedar con un porcentaje de los bienes malhabidos, y lo que es todavía más grave, que cualquier organización de narcotraficantes de tres o más miembros puedan ser beneficiados con el falso sometimiento, que nos condenaría a estar prácticamente negociando con toda clase de empresas criminales, sabedoras de que aquí el mejor negocio es delinquir feroz y organizadamente, para que al final el Estado se doblegue sometiendo la justicia a los criminales.
Porque en este país basta que un puñado de maleantes con fines de enriquecimiento ilícito se organice para aterrorizar a la sociedad con sus crímenes y se vista de camuflado para darle tinte político a su accionar criminal para que el Estado incapaz de someterlos, inmediatamente responda a sus propuestas de sometimiento a la justicia que ya sabemos no es más que un ejercicio vergonzoso de negociar la aplicación de la ley como ya antes ha ocurrido, siendo el episodio más emblemático el de Pablo Escobar que no solo consiguió a base de terror que se expidiera todo un cardumen de lenidad legal que condujera a la impunidad de sus crímenes, sino que se le permitió que construyera su propia cárcel con todas las comodidades escogiendo además a sus carceleros, para continuar cometiendo toda suerte de crímenes como descuartizar y asar a la parrilla a otros de sus compinches que no le cumplieron con el pago del producto de sus fechorías.
Y es que por más que se pretenda enmascarar un presunto sometimiento de los criminales a la justicia, por la cantidad de concesiones que se les hacen, lo que en la práctica sucede es el sometimiento de la justicia por los criminales que ponen sus condiciones como lo hizo Escobar para tratar de salir indemnes de sus crímenes y después entrar a disfrutar del dinero que el Estado les permite que se queden, además del que siguen recibiendo por sus acciones criminales, pues lo que vemos consuetudinariamente es que los condenados siguen delinquiendo desde las cárceles las cuales controlan a su amaño con su poder corruptor, y cuando salen de ellas siguen delinquiendo impunemente con la seguridad de que este Estado benevolente y estimulador del crimen es incapaz de combatirlo imponiendo la Justicia que no puede negociarse intemporalmente con la criminalidad.
Lo que sucede en este violento y descaecido país que carece de verdadera política criminal y con penas de chiste, no ocurre en ningún otro lugar del mundo y por eso jamás nos vamos a librar del auge de la delincuencia que sabe que delinquir es el mejor negocio que existe para enriquecerse ilícitamente ante la benevolencia insólita de nuestro débil y corrupto Estado.

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