OJO CON EL CAFÉ

Actualidad Columnistas

Por Carlos Tobar

Después de un largo e intenso verano uno de los sectores agrícolas más afectados es el café. En el Huila hemos visto en las últimas semanas, con frecuencia inusitada, al gerente general de FEDECAFÉ y al mismísimo Ministro de Hacienda, así como a otros altos funcionario de la federación y del Ministerio de Agricultura, oteando con preocupación la situación de miles de pequeños caficultores del Huila. La verdad, tienen de que preocuparse. El fenómeno del Niño ha golpeado de manera intensa a un sector productivo que todavía no ha podido recuperarse de la crisis de precios que dio origen a las movilizaciones campesinas  de hace un par de años. Su debilidad por las dificultades para absorber los costos crecientes de producción de insumos, crédito, combustibles y transporte, etc., hicieron más agudas las afectaciones por la escasez de agua. La ausencia de lluvias por largos meses y el agotamiento de las fuentes hídricas, así como las altas temperaturas han golpeado los cultivos de café, ‘averanando’ los frutos que no pueden adquirir el cuerpo necesario para garantizar la calidad.

Se ha estado recogiendo, en la cosecha del norte y en la traviesa del sur, granos de inferior calidad, los conocidos como pasillas que tienen precio inferior en el mercado. Las afectaciones en los cultivos, según informes del Comité Departamental de Cafeteros, alcanzan el 50%, con intensidades que llegan, en algunos casos, hasta el 90% de la producción. La situación es de extrema gravedad. Así parecieran entenderlo, la alta burocracia del gobierno y de la FEDECAFÉ que están hablando de generar apoyos del DPS –familias en acción–. Y, así lo viven los miles y miles de caficultores, pequeños y medianos, que a diario ven como se esfuman sus esperanzas de una buena cosecha para atender las deudas con bancos y cooperativas, con proveedores, con trabajadores y, para solventar las necesidades de sus familias.

El problema es que ni gobierno ni federación abordan los problemas urgentes con la seriedad que lo exige la crisis. No bastan las tímidas medidas de precio para la adquisición de pasillas y café brocado a través de las cooperativas, ni algunos obsequios de fertilizantes, ni el ofrecimiento de prorrogar los créditos (que no hace más que diferir la quiebra), ni reducir los intereses…Los problemas son más prosaicos: los ingresos que se están obteniendo por la venta de los cafés ‘averanados’ no alcanzan para cubrir los compromisos y, al menos durante 6 meses los agricultores en esas condiciones no tendrán de qué vivir; pero lo más grave es que no tienen los recursos para recoger las cosechas afectadas porque el precio recibido no cubre el costo de la recolección; por esa razón muchos están optando por no hacerlo. Gravísima situación porque dejar descomponer los granos en los árboles o en el suelo de las plantaciones lo único que garantizará será la infestación de plagas (broca, roya) que pondrán en riesgo cerca del 50% de los cultivos. Es urgente que el gobierno y la federación diseñen un subsidio para recoger esas cosechas afectadas antes de que llegue el invierno. No hay tiempo qué perder.

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