ODIO, PERDÓN Y RECONCILIACIÓN

Actualidad Columnistas

Por Aníbal Charry González

La culminación de la Semana Santa que celebra el mundo católico, resulta oportuna para referirnos a la necesidad del perdón y la reconciliación en un país signado por el odio, que fue el tema que la jerarquía eclesiástica invocó el Viernes Santo en el tradicional sermón de las 7 palabras contrastando las palabras de Cristo con nuestra realidad nacional, y para el efecto copio las palabras de monseñor Darío de Jesús Monsalve, arzobispo de Cali, uno de los más comprometidos  con el proceso de paz, -por lo cual ha recibido amenazas de muerte-, en medio  de la ambivalencia que tuvo esa misma jerarquía para respaldarlo, no obstante la imperiosa necesidad que tiene este país que ha vivido sumido en la violencia, de encontrar ese camino de reconciliación  para tratar de vivir en paz en esta única vida terrena.

Decía monseñor Monsalve que no había que tenerle miedo a la reconciliación y a la paz, trayendo a Jesús como referencia y espejo de los problemas que actualmente vivimos en Colombia, clamando porque se acabe el odio: “Jesús muere siendo víctima del odio; pero sin embargo él mismo mata el odio e instaura el perdón (…) no se debe reproducir el odio, sino producir el acercamiento, la palabra, la reconciliación, aún como grito unilateral, sin reciprocidad inmediata”. Nada más lúcido y oportuno, y sin embargo tan difícil de materializar en este país de fanatismos y odios, estimulados por la misma religión y la clase política para reinar defendiendo  privilegios.

Y es que resulta también pertinente y oportuno copiar sobre el tema al escritor Mario Mendoza al comentar las siete palabras de Jesús en uno de los escritos más reveladores que he podido leer (El Tiempo 13 de abril de 2017), sobre nuestra idiosincrasia de odio y violencia. “Alguna vez en un evento público un espontáneo pidió la palabra. Fue una intervención memorable. Habló de cómo, desde niño, le enseñaron a odiar. Creció en un hogar de católicos recalcitrantes y le enseñaron a odiar a los ateos, gente sin fe y sin Dios, sospechosa de llevar vidas licenciosas y desordenadas. Luego en sus años de adolescente, unos tipos en Cuba hicieron una revolución, y entonces le enseñaron a odiar a los comunistas. Más tarde le enseñaron a odiar a los negros, una raza de perezosos y sinvergüenzas que sino la hacían a la entrada la hacían a la salida. Y así a lo largo de su vida toda su educación había sido siempre en contra de algo o de alguien…”. Que cruda pero cierta realidad de inoculación de odio para vivir en la violencia cotidiana que hemos vivido y seguimos viviendo.

Lo anterior demuestra la magnitud del clamor conjunto para que lleguemos al perdón y a la reconciliación en medio del odio en este violento y paradójico país, que no se logrará solo pidiéndole inútilmente a  Dios que nos lleve por ese camino que no hemos conocido, sino como luminosamente lo anotara Mendoza: lo que tenemos que hacer es “perdonarnos a nosotros mismos por todo el horror que hemos construido y permitido”.

Comentarios

2 thoughts on “ODIO, PERDÓN Y RECONCILIACIÓN

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