La celebración de las fiestas de San Pedro, anualmente en junio, atomizan la atención al público, en todas las dependencias públicas en Neiva.
El festejo tradicionalmente, no tiene adecuada preparación, como quiera que, por ser financiado por el erario departamental y municipal, repite la programación año tras año, con la novedad, las candidatas a los múltiples reinados, que giran en el baile del Sanjuanero Huilense.
La riqueza cultural, folclórica y, tradicional generalmente es rebasada por encuentro musicales de grupos foráneos, que están bajo la árida de empresas particulares que cobran costosas entradas, y cuyos dividendos se llevan luego.
Firmas de licor son generalmente las primeras beneficiadas y los nativos disfrutan del «guayabo» desde luego.
Los municipios al quedar por fuera del festejo, organizan los propios, con un esquema similar al de la capital, con la diferencia del tiempo; mientras en Neiva la fiesta comienza en la primera semana de mayo y termina en la primera de julio, con parálisis administrativa las dos últimas de junio, en los municipios, es en los tres últimos días de junio, pero con la similitud de feria popular.
En aquella como en estos los líderes folclóricos y artísticos, son los que menos atención registran y solo captan el beneficio económico de los foráneos, pues hasta el sonido para los eventos «públicos» se contrata con empresas de fuera.
La nacionalización del certamen y el reconocimiento mundial aún es ilusa idea, con la que alimentan desde hace medio siglo a crédulos moradores que siguen convencidos que gringos y europeos al llegar de visita a San Agustín devoran el asado huilense como el mejor manjar.
Muchos están convencidos que el reconocimiento mundial y nacional del festejo en Neiva, únicamente se consigue con arte, investigación folclórica, desarrollo cultural y verdadera exposición de la riqueza tradicional por parte de los nativos y no por el volumen de bebidas embriagantes durante la temporada.
