Por Marcos Silva Martínez
La educación que imparten en Colombia es, en general, de mala calidad. Se comprueba con resultados de, Pruebas Piza (último lugar), Saber 11 (48% por debajo de la media), Saber Pro ECAES (desastroso).
Mejorarla es una responsabilidad ética, moral y social, a la que ningún ciudadano consciente y menos el gobierno, deben sustraerse. Desafortunadamente ese criterio no prevalece y sus efectos los advertimos en toda la nación.
El balance real y sincero de la USCO, en materia de calidad y pertinencia, siempre ha sido precario, a pesar de la actual certificación de alta calidad. Ese disfraz se puso de moda.
Las causas de la mala calidad y el caos administrativo-operativo, son fácilmente identificables y los directivos, docentes y estudiantes no se ocupan de los problemas vertebrales, de la institución.
La dirección académica y administrativa de la USCO, desde siempre, ha padecido los efectos destructores del amiguismo, el clientelismo, la politiquería, la corrupción, el oportunismo de directivos, docentes y administrativos y el silencio cómplice de sus estamentos, con contadas excepciones. Y es el reflejo fiel de lo que ocurre en todas las instituciones oficiales. Por eso Colombia esta como esta.
La designación de Rector, adquirió las características típicas y perversas de las disputas politiqueras de las empresas electoreras, por acceder al poder y al dominio.
Una administración honesta, debe comprometerse a rescatar la institución de las garras del oportunismo, la politiquería y la corrupción, condición ineludible para poder luchar por el posicionamiento de la Institución, en el ranking de las mejores universidades. De lo contrario, seguirá siendo como hasta hoy, una especie de escuelita de Doña Rita.
La proliferación de programas de licenciaturas y posgrados cosméticos, a lo que más contribuye es a alimentar la banalidad del intelectualismo, el burocratismo y el gasto fiscal.
La USCO, no sale de su laberinto con simple cambio de Rector, y dignatarios subalternos, rotados entre los mismos, que de una u otra manera son responsables de la crisis, por acción u omisión. Siguen los mismos con lo mismo.
Los programas nocturnos, de seccionales y las numerosas licenciaturas, posgrados y diplomados, deben ser evaluados y analizados; por costo y pertinencia, para decidir suspender algunos y crear otros, temporal o definitivamente.
Hay que racionalizar el gasto. Los oportunistas y corruptos siempre esperan oportunidad. Desgraciadamente la encuentran fácilmente, muy rentable.
Deben crear nuevos programas, de acuerdo con las tendencias y perspectivas del desarrollo presente y futuro. Repotenciar Ciencias de la Salud e ingenierías. Construir más aulas y mejorar la dotación, para ofrecer más cupos, pero con buena calidad.
Resolver el problema de calidad académica es inaplazable. Padres de familia y estudiantes, deben ser conscientes de éste imperativo, para no hacerse ilusiones.
Los resultados de las Pruebas Saber Pro (ECAES), deben motivarlos a recabar por la calidad.
Autoridades, gremios y comunidad, debe comprometerse a rescatar la USCO. Es patrimonio público y deben asumirlo como el más valioso, para generaciones futuras.
La vinculación de docentes, debe ser exclusivamente por calidad intelectual, no solamente por presentación de certificados y recomendaciones.
Los estamentos universitarios y la comunidad, deben reflexionar y hacerse partícipes del análisis de las causas de la problemática y de la identificación, racionalidad y definición de soluciones. El poder público regional, debe comprometerse a repotenciar la USCO, antes que pretender convertirla en trampolín del festín burocrático.

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