Por Carlos Tobar
Por enésima vez, a lo largo de 18 años y luego de 5 alcaldes municipales, salta a la palestra el entuerto de MERCANEIVA. Este “negocio” ha sido la más grande estafa, colectiva e individual, que haya conocido nuestra ciudad. Es un proyecto que nació mal, se desarrolló mal, se manejó mal y se ha administrado mal. Partió de una premisa equivocada como fue la idea de que bastaba tumbar la vieja plaza de mercado central para que el mercado minorista, trasladado a un lugar periférico, funcionara por “decreto”. Olvidaban, sus promotores, que una ley universal de los mercados al por menor es que sus clientes potenciales deben vivir en su entorno inmediato. Entre otras cosas, porque la facilidad y prontitud de acceso lo exige la dificultad de manipulación de los alimentos: yo narro con frecuencia que para entender esta norma de comportamiento social, basta recordar cuando de niños nos mandaban a la tienda vecina a comprar ‘5 huevos, 2 tomates, una pasta de jabón azul, 2 panes de $500, 2 pastillas de chocolate y una bolsa de leche pequeña’.
Con este error garrafal de entrada, que no les importó una higa cometer a sus promotores, porque lo que tenían en mente era hacer un negocio inmobiliario que no una solución comercial para un servicio público, el fracaso del proyecto estaba cantado.
Cuando sucedió lo que inevitablemente tenía que suceder, los socios privados de inventaron la disculpa ideal: que el funcionamiento de MERCANEIVA era responsabilidad del municipio, para lo que inventaron una serie de argumentos bufonescos. Que debía desaparecer la competencia desleal de los informales en el centro de la ciudad; que SURABASTOS hacía competencia desleal de venta al por menor, sin comprender la naturaleza y el funcionamiento de los mercados de alimentos en Colombia; que las chivas y camperos debían tener como terminal obligatoria a MERCANEIVA; que no se debían permitir el funcionamiento de los fruver en la ciudad, no atreviéndose a exigir la no venta de alimentos perecederos en supermercados porque sabían que son actores de peso en el mercado…, etc.
Todos ellos, entonces, son prueba del incumplimiento de la municipalidad, razón por la cual han chantajeado, gobierno tras gobierno, amenazándolo con demandarlo ante la Supersociedades por incumplimiento de sus obligaciones en su calidad de socio en la constructora MERCASUR Ltda.
Solo la ignorancia y la mala fe, de quienes han representado los intereses del municipio, han permitido que esta estafa monumental de la cual ha sido víctima la municipalidad y los centenares de compradores de buena fe que adquirieron locales en MERCANEIVA, se consume en total impunidad. Ahora, vuelven por otra parte del pastel. En buena hora el abogado Hugo Tovar Marroquín está denunciando la patraña para que sea desmontada. Hay que abrir el ojo porque cuantiosos recursos de todos los neivanos están en juego y, sobre todo, porque ya es hora de que los derechos de los sufridos comerciantes de MERCANEIVA sean salvaguardados con la constitución y entrega de la copropiedad de la que son dueños legítimos.

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