
Por Aníbal Charry González
Resultan propicios este domingo de resurrección, y el anuncio de la visita del papa Francisco a Colombia para apoyar el proceso de paz -que no debe tener nada contentos al expresidente Uribe y al procurador Ordóñez-, enemigos recalcitrantes de la paz, para dar a conocer el concepto de Dios por boca del mismo papa, en este país donde se invoca hasta para cometer los actos más repudiables, y donde se sataniza a todo aquel que no sea creyente como mala persona condenándolo a los más profundos infiernos, pues al cielo solo entra el creyente con camándula en mano así haya cometido los más atroces crímenes, para que tengamos una idea clara de lo que ha significado el pensamiento liberal de este atípico papa, empeñado en humanizar a su dogmática iglesia y en defender como derecho fundamental la libertad religiosa, y el de no creer en Dios ni en religión alguna.
“No es necesario creer en Dios para ser una buena persona. En cierta forma, la idea tradicional de Dios no está actualizada. Uno puede ser espiritual pero no religioso. No es necesario ir a la Iglesia y dar dinero. Para muchos la naturaleza puede ser una iglesia. Algunas de las mejores personas en la historia no creían en Dios, pero muchos de los peores actos se hicieron en su nombre”. No podía ser más racional la reflexión sobre Dios y la religión del papa Francisco, conocedor de la historia de la condición humana, que ha cometido las peores barbaridades de que tengamos memoria en nombre de Dios y las religiones, demostrando que nada tiene que ver el creer o no creer en Dios para ser buenas personas, cuando hemos tenido en la historia gente buena creyente haciendo cosas buenas y gente mala creyente haciendo cosas malas, pero ha sido la religión la que ha permitido que gente buena haya cometido actos atroces producto del fanatismo.
Ha entendido sabiamente el papa Francisco que el nombre de Dios no se puede invocar para cometer los actos más despreciables abusando de su nombre cuando lo que necesita el mundo para alcanzar la paz es llenarse de humanidad para que nos respetemos como seres humanos en toda su dignidad independientemente de su credo religioso, de su raza y de su condición social o sexual, reconociendo que ser buenas personas en este mundo de malas personas no es una cuestión de ser creyente o no creyente, y que las religiones no pueden ser instrumentos de discriminación y muerte, y claro, de enriquecimiento a costa de la impotencia y la fragilidad humana.
Por eso la venida del papa Francisco deber ser vista por todos los colombianos creyentes y no creyentes entre los cuales me cuento, no como la visita del sumo pontífice que viene a ratificar su hegemonía religiosa en nuestro país como lo han hecho otros papas, sino como la visita de un extraordinario ser humano que predica y practica valores humanos que debemos cultivar seamos o no creyentes si queremos tener paz en Colombia y en el mundo.
