Por Juan David Dussán Chaux (Tomado del Boletín Informativo: Tolihuila).
Con la pandemia por Covid-19 muchos países como Colombia entraron en un período de cuarentena y aislamiento, con cierre de sus fronteras y suspensión de actividades importantes para el desarrollo económico y social.
Esta situación y sus efectos a corto y largo plazo podrían revertir los logros que se habían alcanzado en el país en el acceso y calidad en los servicios de salud para los adolescentes y jóvenes, y particularmente, en la reducción del embarazo en la adolescencia y prevención y atención de la violencia de género y sexual, y la prevención de las infecciones de transmisión sexual.
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El embarazo en la adolescencia afecta profundamente la trayectoria de vida de las niñas. Además de afectar su desarrollo psicosocial, lleva a resultados precarios en materia de salud para las niñas y sus hijos, repercute de manera negativa en sus oportunidades educativas y de empleo, y contribuye a la perpetuación de los ciclos intergeneracionales de salud precaria y de pobreza.
Según la OMS, las madres adolescentes (entre los 10 y los 19 años) enfrentan un mayor riesgo de tener endometriosis puerperal e infecciones sistémicas que las mujeres en el grupo de edad entre los 20 y los 24 años, y los bebés de madres adolescentes enfrentan riesgos más elevados de nacer de manera prematura y tener bajo peso al nacer o trastornos neonatales graves.
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A pesar del crecimiento socioeconómico registrado en años recientes en América Latina y el Caribe (ALC), la tasa de fecundidad en adolescentes en la región (la segunda más alta del mundo) continúa siendo inaceptablemente alta, con grandes inequidades entre los países y al interior de ellos.
Las niñas de las familias en los quintiles de riqueza más bajos, que son los que tienen los niveles de escolaridad menores, y de comunidades indígenas y afrodescendientes, se ven afectadas de manera desproporcionada por el embarazo en la adolescencia. La tendencia ascendente en el número de embarazos en niñas menores de 15 años también es sumamente preocupante.
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Soluciones:
- Facilitar el acceso universal a los servicios de salud sexual.
- Garantizar acceso universal a los servicios de planificación familiar.
- Dar información y educación sobre la salud reproductiva.
- Proporcionar asesoría sobre la salud sexual.
- Brindar acompañamiento a jóvenes.
- Generar una atención en salud integral durante el embarazo.
- Apoyar a los jóvenes para continuar con sus estudios o encontrar empleo.
- Crear un entorno favorable para la igualdad de género, salud, derechos sexuales y reproductivos de los adolescentes.
“Garantizando el acceso oportuno a la información y a la anticoncepción reducimos la deserción escolar de adolescentes y jóvenes. La salud sexual y reproductiva, así como la educación integral en sexualidad, son claves para el desarrollo de la sociedad»

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