
Por Eduardo Gutiérrez Arias.
Hace veinte años, en uno de los pocos esfuerzos mancomunados del sector público, la academia, el empresariado y líderes de la sociedad civil, se construyó la visión “Huila 2020” que propuso que en el año 2020 el Huila sería “el corazón verde de Colombia, pacífico, solidario y emprendedor, líder de una región donde florezcan los sueños de todos”. Visión poética y romántica de la cual aún estamos muy lejos y frente a la cual más pareciera que fuera un propósito a combatir que a construir.
En efecto, ser corazón verde significaría saldar nuestra inmensa deuda con la naturaleza frenando en primer término la desforestación que le arranca a nuestra arrugada geografía montañosa cerca de cinco mil hectáreas de bosque anual para sacar unas pocas cosechas de frijol, maíz o granadilla y que años más tarde se vuelvan eriales de tierras rodadas que en invierno generan las avalanchas de lodo, piedra y agua que provocan inundaciones y tragedias en las partes planas.
La construcción de esta visión requería que la CAM hubiera hecho los estudios diagnósticos y los planes de manejo de cuencas y micro cuencas de ríos y quebradas. Pero ya llegamos al 2021 y aún la mayoría de nuestras fuentes hídricas carecen de ellos. Tampoco tuvimos la fuerza y la unidad necesarias para detener la construcción de la represa del Quimbo que nos robó algo más de cinco mil hectáreas de nuestras mejores tierras agropecuarias.
¿Corazón verde con el desierto de La Tatacoa aumentando en más de 500 hectáreas por año? ¿Corazón verde con el rio Magdalena contaminado por dos metros cúbicos por segundo de aguas negras procedente del alcantarillado de Neiva? ¿Corazón verde con alrededor de 1.000 toneladas de basuras diarias departamentales de las cuales menos del 10% es reciclado y el 90% es depositada en mal llamados “rellenos sanitarios” que son verdaderas bombas de contaminación de nuestros suelos, aire y agua?
Al paso que vamos el Huila está más cerca de convertirse en el “corazón negro de Colombia, violento, insolidario y depredador”, muy al contrario de la visión que nos propusimos construir. Es hora de evaluar estos 20 años de trabajo por el Huila que queremos. Que aciertos hemos tenido, que errores hemos cometido, como debemos reconstruir esta visión de futuro del departamento. Es tan importante esta tarea que bien merece el esfuerzo del gobierno departamental, las alcaldías, los gremios de la producción y del trabajo, las universidades, las ONG, las empresas privadas, públicas y cooperativas, para que el mañana no nos sorprenda sin una herramienta prospectiva adecuada.

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