Por Carlos Tobar.
Rudolf Hommes @rudolf_hommes 26 ene. Los programas de salud prepagada son cada vez peores. A medida que aumenta la edad del asegurado ascienden vertiginosamente los costos para el afiliado, al punto que cuando mas (sic) lo necesiten posiblemente no podrán seguir pagándolo. Es una pirámide al revés.
El trino anterior, publicado en su cuenta de Twitter, es, como se aprecia, de Rudolf Hommes, el ministro de Hacienda del gobierno de César Gaviria 1990-1994, cuando con la consigna de “bienvenidos al futuro” nos impusieron el recetario neoliberal que incluyó la tristemente célebre ley 100 de salud que tuvo como uno de sus ponentes al entonces senador Álvaro Uribe Vélez. Una ley que, en esencia, volvió la prestación de los servicios de salud en un negocio financiero.
Lo perverso de esta ley es que cambió el concepto de la salud como un derecho ciudadano a un vulgar negocio especulativo para inversionistas de capital. Con la disculpa de la universalización de la atención en salud para “todos” los colombianos a través de los dos sistemas creados, el contributivo y el subsidiado, ambos alimentados en buena medida por el presupuesto de la nación se han dedicado, a lo largo de estos 25 años, sumas multimillonarias para la mal prestación del servicio que tantas vidas ha cobrado. El resultado final ha sido el enriquecimiento escandaloso de los comerciantes de la salud, escudados detrás de la EPS’s y de las IPS’s asociados en un negocio leonino de saqueo de los recursos públicos y privados. El secreto de ese negocio es el mantenimiento del instrumento administrador de los recursos, las EPS. No obstante, que muchas de ellas se han quebrado a lo largo de los años y, sobre todo, que han dado mil pruebas de la ineficiencia del servicio, desde la no prestación del mismo hasta el tristemente célebre “paseo de la muerte”, el gobierno con una tozudez solo explicada por la avidez de la especulación financiera las ha mantenido “contra viento y marea”.
Con un sistema ineficiente y mediocre como el creado, una salud para pobres, para aquellos que quieran y puedan acceder a un servicio de calidad, se estableció la alternativa de la medicina prepagada. Un servicio de salud individual que, se recibe pagando una tarifa muy por encima de lo que vale el de afiliación masiva. Ese es el servicio del que ahora se queja Hommes, un “ricacho” al servicio del régimen que ha venido a descubrir parte de la letra menuda de esos contratos leoninos que los tiburones financieros establecieron para engordar sus jugosos negocios. Descubrió, como lo señala en su trino, que a medida que aumenta la edad del asegurado, aumenta la cuota anual de la prepagada. Es decir, que cuando la persona ya está en su etapa no productiva y, además, los achaques de la edad lo acosan, mayor es la contribución que debe hacer.
Este es un pequeño ejemplo de la perversidad de la ley 100 que ha enriquecido hasta lo ofensivo a unos pocos y ha condenado a un servicio mediocre a la población colombiana.

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