Por: Carlos Tobar
…, o como saquear impunemente la riqueza de los países pobres por los grandes monopolios, especialmente los financieros. Hasta aquí el título de este escrito.
Y, tengo que hacerlo así, porque esa es la forma precisa de describir la naturaleza de las relaciones comerciales que la globalización neoliberal, ha terminado imponiendo a los países productores de materias primas.
Tal vez, una de la más profundas y nocivas de las reglas que la globalización del gran capital ha instaurado desde finales de la década de los 80 del siglo pasado, es la del mecanismo obligatorio de transacción de los commodities a través de las bolsas de valores.
Llámese Nueva York, o Londres, o París, o Shanghái, o Tokio, o cualquiera otra, transar bienes primarios en donde nominalmente se intercambian productos por un precio en monedas internacionales (básicamente el dólar), es una de las funciones de esas bolsas.
La realidad es que, a la par que se negocian volúmenes físicos de café, o arroz, o maíz, o petróleo, o cobre o cualquier otro bien primario (commoditie), de manera paralela funciona un mercado especulativo de papeles, más conocidos como derivados financieros, que se construyen sobre la base de los bienes reales. Para poner un ejemplo simplista, digamos que al ofrecer en venta una libra de café en la bolsa se expide un título-valor que representa esa libra, a su vez ese título-valor se revende con descuentos una y dos y tres… y decenas o miles de veces, en un mercado especulativo que es totalmente virtual.
Si todos los tenedores de esos papeles exigieran que les entregaran en físico, por ejemplo, una libra de café, solo a uno se le podría responder. Tal la distorsión especulativa de las bolsas de valores. El efecto dañino sobre el intercambio real de productos se da, cuando la bolsa admite que, en el momento de llevar el producto físico para venderlo, de manera simultánea los papeles en poder de los especuladores se pueden ofertar en el mercado. Así, en forma artificial se construyen sobreofertas que envilecen los precios del producto real que se vende.
En las bolsas los volúmenes ofrecidos se conocen como posiciones, pues bien, por cada posición de producto real que se ofrece, puede haber 3.000 o 4.000 posiciones de papeles que, están en poder de especuladores al servicio de los monopolios que manejan el comercio mundial del bien, quienes son los verdaderos beneficiarios de esa manipulación de los precios. Los perdedores, los productores de los países en desarrollo como los 25 millones de productores cafeteros, incluidas las 560.000 familias colombianas. El resultado es que, no solo nos compran a menos precio las cosechas como la del café, sino que 4 o 5 grandes monopolios controlan el 60% o el 70% del comercio mundial, dejándonos con una participación ridícula en un mercado que a hoy vale la friolera de 250.000 millones de dólares al año. Los otros que ganan una parte de ese negocio, una parte minoritaria, por cierto, son los intermediarios internos de los grandes monopolios, personajes y empresas que medran a la sombra de la Federación Nacional de Cafeteros.
Pero, la especulación ha llegado a niveles tan agresivos que, el mismísimo gerente general de la FEDECAFÉ, ha tenido que salir a exigir acabar con la intermediación del comercio en las bolsas y establecer una relación directa entre productores e industria.
¿Le alcanzará el impulso?


Hello. magnificent job. I did not anticipate this. This is a excellent story. Thanks!