DISPARADO EL DESEMPLEO

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Por: Carlos Tobar.

Si algo le faltara a la deteriorada situación económica del país, el DANE acaba de certificar que el desempleo está disparado. Otra vez, la estadística oficial reconoce que la tasa que mide ese flagelo, ha superado los dos dígitos.

Aclaro que la estadística oficial, porque la realidad es otra. Con una metodología que cambian con frecuencia, bajo recomendación del Banco Mundial o la OCDE, se oculta buena parte del desempleo real: por ejemplo, basta que una persona trabaje una hora, durante un mes y, se considera empleado de trabajo pleno, o que alguien después de meses de buscar empleo, renuncie a seguir haciéndolo para dejar de considerarse desempleado, etc.

Si quisiéramos aproximarnos a la realidad con las estadísticas oficiales, tendríamos que sumar a la tasa oficial de desempleo, la tasa de subempleo (aquellas personas que sobreviven en el rebusque con ingresos precarios) que bordea el 40%, es decir, a los más de 2’500.000 desempleados, deberían sumársele los cerca de 9’000.000 de subempleados para tener una fotografía de la realidad.

Pero, en el mundo real, la situación es peor. Sobre todo, si tenemos en cuenta el sector rural, donde por la destrucción sistemática de la producción agropecuaria, el desempleo está no solo disparado, sino que las remuneraciones al trabajo son en extremo bajas con el agravante de que la seguridad social es inexistente.

Fácilmente, una región como el Huila puede tener en paro, realmente a cerca del 70% de su población económicamente activa. Es decir, en capacidad de trabajar y producir.

La fórmula neoliberal aplicada por los gobiernos de las élites colombianas desde comienzos de la década de los 90 del siglo pasado, ha sido la “flexibilización laboral”. A la sombra de la cual se eliminaron las horas extras, se redujo la jornada de trabajo nocturna, se eliminaron los sobrecargos al trabajo dominical y en festivos, se congelaron los salarios con la imposición del salario mínimo ajustado a la inflación, etc.

La última manifestación de la “flexibilización laboral”, en palabras de Álvaro Uribe Vélez, uno de sus promotores más entusiastas, dice así: “Nosotros creemos que las antiguas normas laborales lo que han hecho es generar más desempleo y por eso creemos que debe haber menos rigidez, menos impuestos, más facilidad para contratar y desvincular, mejor remuneración, más tiempo para el disfrute y la educación y total flexibilidad para el trabajo por días y por horas”.

Traducido en lenguaje común, es el envilecimiento de la precarización.

La tapa en todo este embrollo del desempleo es la cínica afirmación del gobierno, en boca del ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, “el Gobierno Nacional no tiene certeza de las causas del desempleo y de las medidas apropiadas para corregirlo”. ¡Plop!

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