
Por Eduardo Gutiérrez Arias.
La derecha colombiana avanza en su propósito de “volver trizas” el Acuerdo de Paz, firmado finalmente en el teatro Colón el 24 de noviembre de 2016, después que el suscrito en Cartagena de Indias el 27 de septiembre, fuera negado en el plebiscito nacional del 2 de octubre del mismo año, por el 50.21% de los colombianos que votaron por el NO, con 6.431.372 votos, contra el 49.79%, con 6.377.464 votos que lo hicieron por el SI. De esta manera triunfó, aunque por un pequeño margen, la campaña de difamación y desprestigio de este pacto de paz, encabezada por el expresidente Uribe, mostrándolo como una entrega del país a las FARC y al comunismo.
Ante el insuceso, el presidente Santos promovió una renegociación de los acuerdos con delegados del gobierno, la guerrilla y las fuerzas de la derecha promotoras del NO, que estuvo lista un mes después y este fue el acuerdo definitivo que se firmó en el teatro Colón el 24 de noviembre.
A pesar de esta renegociación que generó importantes modificaciones en el documento final, consensuado con la derecha, una vez firmado por las partes, aprobado por el Senado y la Cámara de Representantes, y recibida la sanción de conformidad legal por parte de la Corte Constitucional, que lo convirtió en norma del más alto nivel, la derecha toda, dirigida por Uribe, el Centro Democrático, el Partido Conservador y otros partidos y grupos aliados con ellos, regresaron a la campaña de desprestigio contra el pacto final, procurando restarle legitimidad y validez, creando un ambiente favorable a la militarización de la vida civil y a la solución armada de los gravísimos conflictos sociales que durante este tiempo ha padecido el país. Con estas prédicas ganaron las elecciones del 2018 y las consecuencias están a la vista.
En cinco años han caído en acciones sicariales, 286 reinsertados de las FARC, el número de líderes sociales asesinados supera los 1.200 como lo registra Indepaz. En el pasado Paro Nacional contra la Reforma Tributaria iniciado el 28 de abril del 2021 los manifestantes muertos por la policía, pasaron de 100, unas 40 jóvenes fueron violadas en cuarteles por la Fuerza Pública y 80 jóvenes perdieron uno de sus ojos por los ataques del Esmad.
De 9.000.000 de victimas que dejó el conflicto sólo se ha reparado muy parcialmente a cerca de 1.000.000 de ellas. La devolución de tierras a los campesinos despojados no ha llegado, tampoco la Reforma Agraria prometida, ni las 16 curules en la cámara para las víctimas de la guerra. Se necesita mucho cinismo presidencial para decir que el Acuerdo se está cumpliendo.

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