
Por Eduardo Gutiérrez Árias.
Un rápido diagnóstico de los sistemas organizacionales en Colombia muestra su atraso que impide la modernidad, el progreso y una democracia pujante. A nivel sindical existen alrededor de 1.500 organizaciones que agrupan a 1.800.000 trabajadores, cerca del 6% del total de la población laboriosa del país. A los muy débiles procesos sindicales se suma el divisionismo y la gran dispersión. Se tienen tres centrales obreras. Una entidad como el Municipio de Neiva, con 560 empleados permanentes, tiene 11 organizaciones sindicales. La Contraloría General de la República tiene 6 sindicatos, y así sucesivamente con la mayoría de entidades y empresas públicas y privadas. Las organizaciones sindicales han degradado sus principios y su ética de clase, para defender intereses grupistas, personalistas e incluso patronales, con lo que pierden confianza y apoyo de la masa proletaria. Quedan algunas excepciones como FECODE, que se ha mantenido unido y combativo en la defensa no sólo de sus intereses gremiales, sino de una educación democrática y humanista al servicio de todos los colombianos. Por eso es el inmenso odio que le profesan las clases dominantes.
Si examinamos otros sectores sociales como el campesino, su situación organizacional se asemeja al sector sindical: un muy bajo nivel de agremiación. De diez millones de campesinos, que viven de la producción agropecuaria, solamente el 25% se encuentran afiliados a alguna organización gremial o sindical. Allí también predomina la dispersión. Se añoran los tiempos en que ellos crearon la ANUC que les permitió impulsar los pocos procesos de reforma agraria que se dieron en los años 60 del siglo pasado. El cooperativismo, que tanto ha contribuido en Europa, Asia y Norteamérica a generar empleo y procesos productivos modernos, especialmente en la micro, pequeña y mediana empresa y entre los asalariados, en Colombia sufre de la misma anarquía y dispersión de sus otros sectores sociales. Hoy con 6.000 empresas de economía solidaria, alrededor de 7.000.000 de afiliados y activos de 30 billones de pesos, debería ser mucho más influyente en los destinos del país.
Pero donde mejor se refleja la dispersión organizacional de los trabajadores colombianos es en el campo político. Existen alrededor de 20 movimientos, la inmensa mayoría muy pequeños, que se reclaman portavoces de la clase trabajadora nacional y que muy difícilmente llegan a acuerdos para actuar frente al Estado y la sociedad. Afortunadamente en el Huila, 11 de estas organizaciones decidieron unirse para crear el Pacto Histórico por un Huila Mejor. Si esta unidad se mantiene, tendríamos los comienzos de un verdadero Partido de los Trabajadores.

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