Por Carlos Tobar
“No soy santista, celebro su reunión con Trump, pero…me parece muy arrodillada su posición, solo nos falta el moñito y el papel regalo…”
Epígrafe, tomado de las redes sociales
Con cierta periodicidad, los gobernantes de este país, se sienten en la obligación de realizar visita a Washington para dar cuenta, ante los ocasionales gobernantes del imperio, sobre la evolución de las principales políticas que, en los tópicos económicos, de seguridad, narcotráfico, geopolítica regional…, se aplican en Colombia. La característica principal de su comportamiento, ha sido el de la más absoluta genuflexión; la verdad es que en el argot popular “no van de pies, sino de rodillas”. Así, reseñaban en las redes sociales, ciudadanos que perciben en las apariencias del encuentro Santos-Trump, lo que en esencia siempre ha sido: una rendición de cuentas ante el mandamás del imperio.
En esta ocasión, en medio de una disputa política interna entre los representantes de las élites, por la negociación del proceso de paz con las guerrillas (la forma que ha tomado la lucha por el control del estado), había afán por presentar la versión particular de los hechos en disputa. Hace unas semanas, en un acto de bochornosa obsecuencia, dos de los expresidentes de uno de los bandos, Pastrana y Uribe, literalmente, se colaron en un club de propiedad del actual inquilino de la Casa Blanca, buscando una aproximación, así fuera accidental para –como se dice en el argot deportivo–, pegar primero. Del otro lado, el presidente Santos, movilizó todo el aparato del estado, empezando por el embajador en Washington, Juan Carlos Pinzón, para concretar una visita oficial de gobierno; como, finalmente, lo logró. La pregunta que cualquier ciudadano, independiente y desprevenido, se hace frente a tal comportamiento de esos personajes, es ¿qué carajos tienen que hacer, frente a un gobernante de un país extranjero, dando cuenta y explicaciones de políticas que son de exclusiva autonomía interna? ¿No es acaso Colombia un país soberano?
Que ese comportamiento, refleja lo que estamos diciendo lo prueba el contenido de los temas tratados por Santos en la visita al presidente Trump. El primer tema en pasar al tablero fue, precisamente, el de la lucha contra las drogas, donde el compromiso asumido por Santos es realizar con juicio y seriedad, la tarea de erradicar las 160.000 hectáreas de coca, actualmente en producción, tarea en la que se ha relajado el gobierno colombiano y por la cual quedó con matrícula condicional. El segundo, fue el informe sobre la negociación de paz con las guerrillas, donde el gobierno colombiano dio las garantías plenas de que el modelo económico no iba a sufrir menoscabo alguno, es decir, que los negocios del gran capital se mantendrán a buen recaudo, aunque el gobierno Trump no expresó opinión alguna. El tercero, fue el compromiso de Santos de ayudar a solucionar el problema en que se ha convertido el régimen chavista de Venezuela para los intereses geoestratégicos de los Estados Unidos. Finalmente, la cereza del pastel, fue el ofrecimiento de mayores oportunidades de negocios para los grandes empresarios norteamericanos, empezando por los inversionistas en minas y petróleo, sin importar los riesgos medioambientales que puedan tener para el país.
A alguien le queda duda de ¿qué intereses representan el santismo y el uribismo?

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