Por Aníbal Charry González.
El escritor británico John Carlin, -conocedor como nadie del conflicto de Sudáfrica y de su líder Nelson Mandela-, estuvo en estas tierras y afirmó que le parecía absurdo, declarándose indignado, asombrado e incrédulo, que en un país como Colombia el proceso de paz y los Acuerdos de la Habana entre el Gobierno Nacional y Las FARC, se definieran y se centraran solo entre una pelea política entre dos bandos: el del presidente Santos y el expresidente Uribe, cuando la paz era un derecho de todas las personas del mundo.
Pues bien: es apenas comprensible el asombro del escritor Carlin, que no conoce como la conocemos muy pocos colombianos la historia de violencia en este país de políticos infames de los partidos tradicionales, que desde 1830 con la génesis de nuestra República y por 130 años, nos han sometido producto de su vileza de atizar odios para zanjar reyertas del poder político con la sangre de nuestro pueblo: a 9 guerras civiles, setenta guerras civiles parciales y 20 años de gran Violencia partidista, donde los autores de la matanza y la destrucción se perdonaron todo por pertenecer al mismo bando y ninguno de ellos pagó un día de cárcel por sus crímenes, que ha convertido a Colombia en ícono mundial de la impunidad que ignoran intencionalmente estos políticos de la infamia que ahora se oponen a la paz con Las FARC con odio y embustes, dizque porque el Acuerdo Final para atajar el desangre fomenta la impunidad.
Para muestra de estos especímenes llenos de iracundia que aúpan la violencia y se revuelcan en su propio estiércol de la mezquindad con este país ante el advenimiento de la paz, se encuentra fuera de concurso la representante a la Cámara María Fernanda Letal, que no Cabal, que no ha tenido en su delirio de violencia, ningún empacho en acudir a la infamia de acusar a los generales del Ejército de haberse vendido por una prima de silencio convirtiéndose en damas rosadas que no hicieron valer su condición natural de fuerza letal para entrar a matar en lugar de contribuir al logro de la paz. Nada más infame con quienes han puesto los muertos en la guerra para defender los privilegios de estos políticos de la infamia, cuando ahora en el posconflicto de la mano del brillante general Mejía con la doctrina Damasco se van a poner con asistencia social al servicio del pueblo campesino.
Y qué decir de la senadora Paloma Violencia, que considera que es preferible que Las FARC sigan matando antes que tengan participación política. Y del anodino senador lamefundillos del líder de la política de la infamia, Ernesto Injuria Macías, que destilando veneno de su primitivo cerebro en un programa radial arremetió infamemente contra mi honra al aniquilarle los estólidos argumentos de “impunidá para la far” de los promotores del No en el plebiscito. El Sí masivo del 2 de octubre será la oportunidad además para que el pueblo por primera vez en 200 años les diga no más a estos políticos de la infamia promotores de la violencia.


Sweet site, super design, rattling clean and utilize friendly.