
Por Aníbal Charry González
De esos especímenes sí que ha estado plagado el país a lo largo y ancho de su convulsionada y violenta historia, de la que no hemos podido salir, donde los muertos los ha puesto el pueblo producto de los odios y las inquinas para defender vitandos intereses de figuración y poder político y económico estimulado por estos malvados personajes, para los cuales todo ha valido para conseguir sus protervos fines. No hay que indagar mucho en nuestra feroz trayectoria para saber que ahí se encuentra la raíz del conflicto armado, que estos políticos bellacos que se lucran de la violencia persisten en torpedear y mantener, como lo están haciendo el expresidente Uribe y su corte acudiendo a cualquier expediente por despreciable que sea para mantener su vigencia política y tratar de tapar todas las tropelías violatorias de los derechos humanos cometidas en el gobierno del patrón del Ubérrimo.
Esa es la cáfila política de nuestros tiempos que se empeña en seguir tiñendo de sangre nuestra patria, como lo han hecho desde las guerras fratricidas del siglo 19 donde se construyeron pirámides con los cráneos de los muertos del pueblo raso para dirimir reyertas de la bellaquería política, pasando por la época de la Violencia desatada después del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, que puso más de 300.000 muertos, muchos más de los que ha puesto el conflicto armado con las Farc. Por eso no se entiende el informe de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, que no atinó a identificar la causa axial del actual conflicto armado que no es más que el proditorio accionar de esa bellaquería política.
Hay que ver lo que está haciendo el sedicente Centro Democrático con su jefe a la cabeza, que no es más que la extrema derecha que ha aupado tanta violencia en nuestra patria como lo hizo Laureano Gómez, para saber que seguimos teniendo esos políticos bellacos que acuden a la mentira sostenida hasta convertirla en verdad para tratar de exculpar sus desmanes, y a arrasar con la honra ajena como lo han hecho con Mockus, y deslegitimar la justicia como lo ha hecho José Obdulio Gaviria al sindicar a la Fiscalía de ser un cartel que persigue a su movimiento político por investigar los crímenes cometidos por sus más conspicuos integrantes.
Porque hay que hablar sin rodeos en este asunto. La oposición delirante y fascista de Uribe a Santos y al proceso de paz radica en tres causas fundamentales: La ojeriza a Santos por su supuesta traición a los tres huevos ofídicos. El odio visceral a las Farc, y por no ser el mesías el artífice de la paz de los sepulcros que perseguía, y claro, su intención pérfida de tender cortinas de humo juzgando según su condición para anticiparse a la delación que tendrá que hacer María del Pilar Hurtado de lo que todos ya sabemos, que se quedará como también sabemos en la impunidad como la elección de Samper con los dineros del narcotráfico, por cuenta de la bellaquería política que tanto hemos padecido en Colombia.
