Por Marcos Silva Martínez.
Las condiciones socioeconómicas de las mayorías colombianas, son y tienden a ser más precarias, año tras año, mientras la concentración de la riqueza crece exponencialmente.
La seguridad inversionista (profundizada por Uribe y en adelante) e impuesta por el Consenso de Washington, es la piedra angular del problema.
El ejercicio del poder público ha sido incapaz de institucionalizar y desarrollar políticas que generen equidad socioeconómica, en Colombia.
¿Y por qué en Colombia esas condiciones no llegan equitativamente a las mayorías?
¿Cuántos gobernantes han ejercido el poder desde 1810 hasta hoy?
¿Por qué algunas naciones sí han logrado institucionalizar la equidad y acabar con la pobreza?
Las cacareadas democracias de hoy, realmente son seudo-democracias, con escasas excepciones de aproximación a la real democracia.
Los gobernantes (órganos de poder, presidentes, gobernadores, alcaldes, etc., sucumben ante el alago de la golosina del poder, los dividendos y sus usufructuarios.
Es imposible encontrar un gobernante, con un mínimo de honestidad, que le permita reconocer sus errores, su incapacidad mental y su mentalidad vasalla interesada, para responder por sus obligaciones de gobernante.
La conformación de sus equipos de gobierno, constituye fiel reflejo de la concepción y del respectivo ideario del poder. Generalmente el poder envanece y obnubila la conciencia. Lo demuestran a diario, globalmente. Los gobernantes desarrollan rutinas populistas, para engañar a sus incautos electores. El tiempo ha demostrado que los dividendos logrados, de esa manera, les permite mantener el poder político y económico y con ellos, la perpetuación del Régimen de Gobierno, concentrador y dictatorial. Hay múltiples formas de dictadura.
Genialmente Bolívar sentenció: “…la mayor tiranía que se puede ejercer sobre los pueblos es la que se fundamenta en la ignorancia…” Y es por ello, que prefieren mantenerlo ignorante y con pésima educación, como en Colombia.
Una nación en la que existan y se pueda demostrar abismales desniveles socioeconómicos, no es una democracia genuina. Y Colombia padece esas condiciones.
La democracia debe fundamentarse en equidad socioeconómica. Y esta se demuestra con equitativa en distribución de la riqueza y poder adquisitivo y en formación intelectual. Demanda tener acceso a bienes, servicios, trabajo, salud, educación, recreación, etc.
Predican que la democracia es el poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.
Y que se puede ejercer a través de delegados.
Ahí comienza el sacrificio de la democracia. La ignorancia de las mayorías, facilita que crean en quienes no deben creer. ¿Y por qué votan por corruptos y cuestionados por la justicia?
El mejor negocio de una nación es acabar con la pobreza y la ignorancia y es imposible acabarla sin equidad socioeconómica. La equidad socioeconómica no debe ser simple retórica.
Reciente estudio de institución canadiense, sobre Colombia, informa que el 72%, está en la informalidad, con ingresos mensuales inferiores a dos salarios mínimos y de ellos, el 52% ganan menos de un salario mínimo. La corrupción y la impunidad campean en las instituciones públicas, caen las exportaciones y crecen las importaciones. Y crece el caos y la anarquía de los poderes públicos.
¿En términos de equidad socioeconómica, que balance positivo pueden presentar los gobernantes, en Colombia? Cada gobierno resulta peor que el anterior. El de Duque es de rapiña, a pesar de los slogans. Es el desafío para los ciudadanos, el próximo y siguientes años.
