PIRÓMANO DE LA PAZ

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Por Aníbal Charry González 

Que más podía ser el procurador Ordóñez con antecedentes de piromanía, como el incendiar libros liberales en su natal Santander producto de su fanatismo político- religioso, que ser ahora un auténtico pirómano de la paz por aquello de que toro ladrón no olvida el portillo, pues no otra cosa viene haciendo con el proceso de paz desbordando sus funciones, acudiendo a la tergiversación y a la mentira, que le ha valido con razón un grito del presidente Santos para que no siga metiendo sus idólatras narices en el proceso de paz  porque esa es una responsabilidad exclusiva del presidente de la República.

Y es que este cruzado de la fe y la politiquería incendiaria que tanta mortandad ha dejado en nuestro país, y que en mala hora tenemos como procurador y representante de la sociedad, no ha escatimado esfuerzo alguno para que fracase el proceso de paz con el fin de que sigan teniendo vigencia sus godísimas y violentas ideas, como que incluso, faltando este sí a sus deberes constitucionales viajó al exterior a desprestigiar al Gobierno y al mismo proceso de paz acudiendo a la falacia y al terrorismo ideológico, en un ejercicio despreciable e impune solo comparable al de un auténtico traidor a la patria.

Porque hay que aclarar que no es política la que hace el inquisidor Ordóñez entrometiéndose en el proceso de paz como lo afirma el presidente Santos, sino hirsuta politiquería incendiaria , porque si de verdad hiciera política como arte de gobierno  desde su cargo  en  beneficio de la sociedad, estaría apoyando la búsqueda de la paz en este violento país como nos lo impone a todos la Constitución al mandar que la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento, que debe buscarse dentro de los cauces del diálogo y la democracia, y no necesariamente con el fuego de los fusiles y el silencio eterno de los sepulcros.

Y porque además de ser el procurador un fanático incendiario, es un funcionario de doble moral para quien los postulados constitucionales existen a su conveniencia para entrometerse en el proceso de paz afirmando falazmente que así se lo ordenan, pero los desconoce para discriminar y oponerse al derecho a la igualdad y a las libertades que consagra nuestra Carta Política, que ahora   invoca marrulleramente para apuntalar sus desafueros y para espetarle indebidamente al presidente Santos que él no puede estar por encima de ella, cuando lo que está haciendo es exactamente cumplir con el mandato constitucional de buscarla como un deber y un derecho fundamental de todos los colombianos.

 

De dónde saca este inquisidor que la Constitución le ordena que incendie el proceso de paz, cuando otra cosa es lo que le manda imperativamente. Lamentablemente el presidente Santos está comiendo  de su propio cocinado de  ambivalencia por querer quedar bien con todo el mundo, cuando tuvo la oportunidad de haber impedido la manguala de la espuria reelección de este yihadista criollo conocedor de sus antecedentes de pirómano, para que tuviéramos un procurador demócrata que representara verdaderamente los intereses de la sociedad colombiana.