Por Marcos Silva Martínez
En el manejo de finanzas, patrimonio público y aprobación de leyes, más del 99% de la población, no participar. La democracia participativa y representativa es un engaño.
El manejo de finanzas y patrimonio público, lo hace el gobierno de turno, a través de burócratas secuaces y perversos, que defiende el poder, como Carrasquila, afines al sector económico-social. De esa manera, los responsables de los resultados del ejercicio del poder, no son los ciudadanos mejor formados y con mejor conciencia social, ni el ciudadano común.
Los responsables son burócratas secuaces, incondicionalmente maleables y sumisos a órdenes y ciegos ante dogmas, que garantizan el monopolio del poder económico y político.
Ese panorama siniestro del poder, explica por qué muchas naciones no progresan. Explica por qué el 1% de la población del mundo es dueña del 99% de las riquezas del planeta y que la concentración de la riqueza sea progresiva, agresiva y temeraria.
El poder político-económico es el garante de que esto ocurra. Por eso los dueños del poder y la extrema derecha hacen todo lo necesario para conservarlo.
En disertaciones, Thomas Piketty precisó: en Colombia el 1% es propietario del 99% de la riqueza de la nación y el 99% de ciudadanos colombianos es propietario del 1% de la riqueza nacional. Similar a EE. UU. Y a la mayoría de países desarrollados. La tendencia es a concentrarse más, como ocurrió en los últimos 29 años, a partir del consenso de Washington Y Todo ocurre dentro del marco jurídico-legal, que rige el ejercicio del poder y aprueban los dueños del poder.
Colombia padece una aguda encrucijada socioeconómica y fiscal. El sistema nacional de salud está en banca rota, igual que el sistema de pensiones y la educación pública, etc.
El endeudamiento público, el déficit comercial y de balanza de pagos, amenazan el futuro nacional.
Los gobiernos no resuelven el problema económico-financiero, como corresponde, para no afectar los intereses económicos perversos, de los dueños del criminal negocio de la salud; del negocio de la educación privada, etc.
Las mayorías nacionales, nada pueden hacer, para resolver esos problemas. El congreso ebrio de mermelada y atomizado por la corrupción aprueba lo que negocian.
El nuevo gobierno anuncia una reforma tributaria, son pretexto de cubrir el hueco fiscal, estimular las empresas y generar trabajo. El manido argumento de todos.
Su irresponsabilidad e ignorancia le dicen que el camino fácil es el IVA sobre toda la canasta familiar. Recodemos que la reforma del 2014 (IVA del 16% al 19%), también incluyó parte de la canasta alimenticia.
El hueco fiscal siempre ha existido y existirá. Obedece al precario e irresponsable ejercicio del poder, a la corrupción galopante tolerada por el poder y a la defensa incondicional de la riqueza, a la politiquería y el clientelismo. La actual reforma busca cumplir la reducción tributaria a los grandes contribuyentes. No desmonta exenciones y deducciones, ni seguridad jurídica al inversionista.
Por los medios informativos, los gobernantes hacen el show, anuncian castigos ejemplares. Pero los delincuentes de cuello blanco se quedan con el botín. La corrupción se tomó toda la administración pública.
El pueblo debe ser consciente de toda esa tropelía de perversidades del poder y debe castigarlo en las urnas. No hay otra solución.


