NUEVO CONGRESO

Actualidad Columnistas

Por Marcos Silva Martínez

Se repite el manido  episodio. Se instala por enésima vez el Órgano Legislativo colombiano, dominado por las mismas o peores viejas ambiciones de poder y de dominio sobre el destino de lo público y de la nación y por ende, de  los ciudadanos colombianos.

Durante las últimas semanas y días, por los medios de información, conocimos detalles del proceso de negociación para la distribución burocrática del aparato  directivos de ese poder.

Por la forma y los  objetivos tácitos cantados que los motivan, se puede concluir que constituyen  manifestación inequívoca de, mezquindad e irresponsabilidad político-social, respecto a los altos intereses socioeconómicos de la nación.

Las negociaciones y acuerdos,  debieron ser para profundizar en el análisis de la problemática nacional presente  y sobre la solución de la misma.

Colombia esta sumida en una encrucijada económico-fiscal y socio-política, difícil de superar, mientras el alto poder del estado este dominado por defensores declarados y a ultranza del modelo económico político nacional,   que el poder económico global capitalista le impuso a Colombia y a naciones en desarrollo.

Esas circunstancias y condiciones,  que gobiernos secuaces y vasallos incondicionalmente defienden,  profundizan la crisis, como ocurre en Colombia, mientras el alto poder manipula  informes e indicadores de crecimiento y desarrollo, para mostrar logros.

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La pobreza real en Colombia supera el 50%. Basta comparar  indicadores de empleo, desempleo, informalidad, pringosos salarios, pensiones, endeudamiento familiar, caída del consumo, exportaciones e importaciones, endeudamiento público y privado, criminalidad e inseguridad, desnutrición, entre otros.

La crisis es profunda y amenaza el futuro de la nación y no hay perspectivas ciertas de mejoramiento, en el cercano futuro.  

Las supuestas acciones del poder para solucionarla, desde hace años, son simples palos de ciegos, para no afectar la concentración y dominio del  capital, de la riqueza y el poder.

El progreso equitativo integral de las naciones demanda distribución equitativa integral del ingreso nacional. Sin esa condición es imposible alcanzar desarrollo integral nacional. La estructura y marco legal del poder vigente, la politiquería, el clientelismo y la corrupción   lo impiden y esta lacras son soportes e instrumentos para el dominio del poder y reparto del presupuesto.

Es conveniente recordar lo concluido por THOMAS PIKETTY, en El Capital en El Siglo XXI: “…la distribución de la riqueza nacional  es demasiado importante como para dejarlo solo en manos de los economistas, los sociólogos, los historiadores y abogados…” Y eso es precisamente  lo que acontece con el poder en Colombia y de ahí el precario desarrollo, después de más de 200 años de ejercicio de supuesta democracia. El nuevo gobierno reedita más de lo mismo, con tendencia a empeorar, por la selección de sus componentes.   

La impresión es que el nuevo gobierno puede ser medianamente consciente de la problemática económico-social, que agobia a la nación y por eso se prepara para aplastar la protesta social que debe venir, escogiendo a un ministro de defensa de mentalidad represiva, enceguecido por el negocio y las ganancias y de visión mezquina, respecto a los derechos sociales.

Igual sucede con los restantes ministros, salvo contadas excepciones, aunque éstas,  necesariamente deben someterse a los lineamientos para cumplir con los objetivos del nuevo poder burocrato-plutocrátrico, como en el caso del ministerio de salud.  Eso es lo que se le viene encima a los colombianos.

Con el festín de la repartija de poderes en el nuevo congreso, se evidencia una vez más,  la desaparición de los viejos partidos políticos tradicionales y de sus supuestas correspondientes ideologías.

Se comprueba que el poder público se convirtió en un botín, expuesto al más avezado, siempre bajo el propósito de mantener el poder político, para garantizar el poder económico y siempre bajo la acción de una institucionalidad precaria y laxa, propiciadora de tolerancia e impunidad.

Todo lo anterior reseñado, explica el tropel de dirigentes políticos (y los del Huila) a acampar en las toldas de la extrema derecha, para continuar beneficiándose del ponqué del poder.  Vergonzoso para personas que aún tengan sentido de dignidad humana. Pero así esta Colombia en política y en responsabilidades del poder público.

Lo que expreso, estoy seguro, no obedece a resentimientos míos. Es consecuencia de mi convicción, de que toda persona tiene derecho a aspirar y tener una vida digna y eso significa poder satisfacer las necesidades básicas, de cada persona. Hay naciones que lo han logrado

Comentarios

3 thoughts on “NUEVO CONGRESO

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