Por Aníbal Charry González
Para refrendar acuerdos de paz como se empecinó el presidente Santos por temor a los saboteadores de la paz de esta república de Macondo donde se da silvestre la ignorancia, la falta de cultura, el odio político y el fanatismo religioso, ingredientes indispensables para tergiversarlos, y por eso se convirtió en plebiscidio, como en efecto ocurrió el pasado 2 de octubre, cuando nunca antes se habían sometido en el mundo a refrendación popular, y menos para consultar un fárrago de 297 páginas que se requería de una especialización académica para comprenderlo.
Olvidó el presidente Santos al cometer semejante yerro político pretendiendo utópicamente que todos estuvieran de acuerdo con un proceso de paz; que lo que une es la guerra y no la Paz, como bien lo dijera Shlomo Ben Ami, ex ministro de Relaciones Exteriores de Israel, porque la paz siempre tiene un precio, y porque detrás siempre habrá un pueblo dividido, lleno de emociones, lleno de odio hacia la otra parte y hacia quien lidera la paz que siempre es considerado como un traidor y como un vendedor de la patria.
No en vano son los líderes de la paz los que han caído asesinados como Jorge Eliécer Gaitán aquí en Colombia, el Mahatma Gandhi en la India e Isaac Rabín en Israel, para citar a los más emblemáticos, porque siempre tendrán enemigos recalcitrantes que no quieren pagar el precio de la paz. Y olvidó además el presidente Santos, que no todo se puede someter a consulta popular sobre cosas que el pueblo raso no tiene ni idea y menos sobre la paz condicionando este derecho fundamental que no se podía condicionar, a una consulta popular con el aval insólito de la Corte Constitucional que cometió el dislate adicional de acabar con los acuerdos de paz si triunfaba el No en este país secularmente dividido por los odios, pues como atinadamente lo dijera el cineasta español Fernando López a raíz del Brexit en Inglaterra, la mayoría casi nunca tiene la razón porque en todas partes del mundo son más los ignorantes que los cultos, los que leen son menos que los que no lo hacen y los equilibrados son menos que los fanáticos. Y si queremos que triunfe la ignorancia y los extremismos como sucedió en Colombia, hagamos consultas populares.
Por eso aquí en Macondo el proceso de paz quedó en manos de sus oportunistas saboteadores que hacen exigencias imposibles de renegociación y tienen a la gente clamando paradójicamente por un “acuerdo ya” entre el mismo Establecimiento cuando ya todo estaba acordado entre las partes en conflicto, por lo que hay es que exigir al presidente Santos que asuma el liderazgo de la paz que solo a él le corresponde, mejorando los acuerdos con las Farc con la convocatoria posterior de una asamblea constitucional, que no constituyente, para reformar profundamente dos puntos: el sistema político electoral vitando que tenemos y la Justicia, sin lo cual no habrá nunca verdadera paz en nuestro país. Y que ni se le ocurra pensar en otro plebiscito.



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