Por Carlos Tobar
La columna vertebral de la ley de financiamiento del gobierno Duque es la rebaja de impuestos a las grandes multinacionales y a los ricos. Dos propuestas son el cuerpo de esa reducción impositiva: la disminución de la tasa general del 33% al 30% para todas las empresas que, cuando se mira en detalle, favorece a las 200 más grandes que son las que algo tributan renta; la otra es una disminución de la tasa impositiva al 27% para aquellas que hagan una inversión de $1.6 billones en 5 años (330.000 millones anuales) y generen al menos 50 empleos directos que, además, se beneficiarán con contratos de estabilidad tributaria por 20 años. Según el gobierno, la justificación de estas medidas es la reactivación económica. La lógica oficial es que las grandes empresas multinacionales y los superricos –porque quiénes pueden invertir 1.6 billones– van a destinar esos ahorros en impuestos a la inversión y la creación de nuevas empresas y puestos de trabajo en el país.
Por estos días, Paul Krugman, importante economista norteamericano, analizó de manera crítica una medida similar, aunque de mayor envergadura –la reducción del impuesto general a las empresas fue hasta el 21%–, tomada por el gobierno de Donald Trump. Tomemos parte de la argumentación de Krugman que, cae como anillo al dedo en nuestro caso. Para empezar, dice que “(el) crecimiento (en EE.UU.) ha estado impulsado en gran medida por el gasto de los consumidores y…, el gasto público”, no por los menores tipos impositivos y que en realidad “Las multinacionales han usado los beneficios obtenidos gracias a la rebaja fiscal principalmente para recomprar sus propias acciones y no para crear puestos de trabajo y ampliar su capacidad.”
A continuación, se pregunta: “¿Pero por qué han sido tan mínimas las repercusiones de la bajada de impuestos?” (…) “¿Por qué no ha servido para aumentar la inversión?” Para afirmar: “La respuesta, diría yo, es que las decisiones empresariales son mucho menos sensibles a los incentivos financieros —incluidos los tipos impositivos–…”, para enseguida señalar: “Lo que impulsa la inversión es más bien la percepción sobre la demanda del mercado.” “¿A qué se debe esto? Una de las razones principales es que las inversiones empresariales tienen una vida útil relativamente breve.” Lo que significa que dichas decisiones se tomarán teniendo en cuenta las oportunidades que, en un mercado monopólico como el de hoy, están condicionadas por el crecimiento de ese mercado. Que, además, es indiferente a la tasa de impuestos. Si la oportunidad aparece la inversión se realiza así, la tasa de impuestos sea el 33% o el 30% o el 27%. En consecuencia, en esas condiciones de funcionamiento del mercado, una disminución de impuestos es un regalo innecesario e ineficaz.
Finalicemos diciendo que, el gobierno no solo no reactivará la economía, no habrá nuevos empleos, ni mejores remuneraciones, sino que, el fisco nacional saldrá duramente golpeado. Lo que significa menores recursos para la inversión nacional, especialmente la social.

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