Por Aníbal Charry González
La que tenemos en Colombia claro, donde el sistema penal se ha convertido en rey de burlas por los grandes delincuentes producto de la lenidad del Estado con quienes no merecen esa blandura por la magnitud de sus fechorías y el daño que le han causado a la sociedad. Basta que un mega delincuente de cuello blanco como Miguel Nule se engorde privado de la libertad para que por razones “humanitarias” lo manden a purgar su irrisoria pena en la comodidad de su casa, lo mismo que otro de los integrantes de esta peligrosa banda de asaltantes del presupuesto público, su primo Guido, que deben estar muertos de la risa de ver la payasada de justicia penal que tenemos: dura con el débil y blanda con el duro para delinquir sobre todo si le roba billones al mismo Estado. Eso no sucede en ningún país serio en materia penal que pretenda defender a la sociedad de sus más despreciables delincuentes.
La cárcel en este país es para los huevones -no encuentro palabra más castiza para expresar mi indignación como ciudadano-, que hacinados en cárceles de vergüenza donde se atenta contra la más elemental dignidad humana, no tienen la posibilidad por su paupérrima condición de ser agraciados con los favores que le dispensan a los grandes y ricos delincuentes, teniendo que esperar a que la justicia les resuelva su situación, si es que algún día lo hace en medio de la sempiterna congestión carcelaria, que casi siempre se conjura con una excarcelación masiva, para después, ante el acoso delincuencial tratar de solucionar la aberrante situación con encarcelamientos masivos en un círculo vicioso de nunca acabar, ante la también sempiterna carencia de política criminal y carcelaria.
Y es que ahora mismo estamos a puertas de uno de estos eventos de excarcelación masiva producto de la incuria estatal, como que por no cumplirse el plazo otorgado a la justicia para resolverles la situación jurídica a los presos por la congestión procesal de siempre, quedarán en libertad más de 10.000 reclusos peligrosos, que por supuesto volverán jubilosos a sus andadas delincuenciales, obligando literalmente a los agobiados colombianos a encarcelarse en sus propias casas enrejadas hasta en los baños para no ser víctimas del omnipresente embate de la delincuencia sabedora de la benevolencia e irresponsabilidad del Estado.
Y es que no son pocos los casos que tenemos que ver de favorecimiento a la gran delincuencia como los Nule y Samuel Moreno, como que recientemente, cuando debía estar recluido en una cárcel común y silvestre, se le vio en la calle orondo por su especial condición de protobandido de cuello blanco que no debería tener posibilidad alguna de rebaja o concesión por razones “humanitarias”, que no son más que eufemismos para enmascarar la impunidad de estos ladrones que el Establecimiento abruma con privilegios por pertenecer a la clase política y dirigente que ha depredado y esquilmado a nuestro país en todos los tiempos. Lo dicho: una justicia penal de vergüenza que no hace más que estimular la gran delincuencia.
