Por Marcos Silva Martínez.
Los resultados de la Administración pública y sus proyectos de infraestructura, cada día generan más insatisfacciones e ineficiencia de la inversión.
Los proyectos de infraestructura, debe soportarse en estudios y diseños confiables y la alternativa más económica y segura en el corto, mediano y largo plazo y deben constituir identificación ética y de idoneidad profesional de los responsables. Contratante y contratista.
Abundan fracasos y frustraciones, con las obras ejecutadas, imputables a irresponsabilidad administrativa, técnica y corrupción. Es una de las formas de despilfarrar el recurso público, sin satisfacer la necesidad social, ni constituir aporte real al desarrollo local, regional y nacional.
La irresponsabilidad e incapacidad profesional frecuente y la endemia de la corrupción, se imponen sobre el interés social colectivo. Los resultados y frutos de las universidades de garaje, ya dejan su impronta. El análisis de factibilidad y de costo del proyecto, el proceso de selección del contratista e interventor, en muchos casos parece que obedeciera al propósito de malbaratar el recurso público, en beneficio de intereses particulares.
El problema se magnifica cuando la entidad pública, carece de funcionarios idóneos, capaces de revisar, con responsabilidad técnica el proyecto, para su aceptación y recibo.
Más grave, cuando se recurre al sistema de contratar, con el mismo contratista, estudios y diseños y ejecución de la obra. Este sistema, con la inmoralidad, frecuente en la contratación, da al traste con los presupuestos y magnifica los sobrecostos, bajo artificiosas justificaciones técnicas, avaladas con corrupción y politiquería. El fin justifica los medios, en el estado de opinión de Uribe.
Los instrumentos legales, finalmente protegen al contratista. El régimen corrupto imperante, y las leyes que lo soportan, auspician dichas prácticas, que tipifican nuestra cultura oportunista y mafiosa.
Las Leyes que rigen la contratación, parecen concebidas para facilitar maniobras contractuales (leyes, FONADES, SECOOPs, etc.) y obtención de canonjías económicas y dividendos politiqueros. Puede parecer sin importancia el tema. La irresponsabilidad e inconsciencia nos condena a padecerlo.
El caos y anarquía contractual y la desbordada corrupción, hacen perder miles de millones, que privan a los colombianos de beneficios esperados.
Neiva y el Huila, exhiben casos a porrillo. Estudios y diseños para la optimización del acueducto, El Reservorio. Tanques de almacenamiento de agua 30 mil m3. Plantas de tratamiento. Alumbrado público. MERCANEIVA. PTAR Ramírez-Suarez-Lara. PTAR de municipios fallidas. Distritos de riego. Tizón. Manejo integral de residuos sólidos, supuestos intercambiadores, etc.
En la pista hay costaladas de candidatos, para el próximo periodo. ¿Se habrán detenido a pensar en lo que significa gobernar con responsabilidad y en beneficio de los Ciudadano? ¿El elector sabe quién es el responsable del debacle administrativo nacional, regional y local?.
El perverso Suarez dejó una estela de desastres contractuales, entre ellos, la falacia de los intercambiadores viales y el Sr. Lara no ha tenido quién le informe que no es un intercambiador, que es un simple paso elevado a precio de oro. Similar ocurre con el sofisma de la PTAR. Es una falacia engañosa, técnica, ambiental y económicamente.
¿Y los candidatos para el próximo periodo, seguirán con los mismos criterios, ante la certidumbre que cada gobernante resultó peor que el anterior?.




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