Por Marcos Silva Martinez
Las preferencias de los electores por el candidato señalado de izquierda, pueden considerarse excepcionales.
Lo tradicional es que, candidato que planté cambios al modelo económico-político, por insignificantes que sean, si las élites consideren que amenaza sus privilegios, lo satanizan por izquierdista, comunista, etc.
En diferentes países de Latinoamérica, han elegido presidentes de izquierda, con excepción de Colombia.
El arraigo conservador de la sociedad colombiana y el cerrado dominio de las élites, sobre la propiedad de la tierra, el dinero y los negocios, garantizaron la fundamentación de una institucionalidad especial, para garantizar la concentración del poder económico y político, en forma excluyente.
Bajo esas circunstancias político-sociales-institucionales, hasta hoy, se ha hecho imposible que un proyecto de gobierno, calificado de izquierda (aunque en el fondo no sea más que progresista), llegue al poder en este país.
Desde siempre, la retórica de la derecha hay inculcado en el elector, miedo a la izquierda.
Toda campaña gira en torno al miedo a que alguien de izquierda llegue al poder. Reflexionemos sobre el candidato de Uribe, Duque. Nada pal pueblo. Todo para la oligarquía.
Todo obedece al miedo del sector poderosísimo, el mismo que controla enormes riquezas y poder político, a través de la perversidad en el ejercicio del poder.
Ese engaño, egoísmo y mezquindad de las élites, son responsables de la violencia disfrazada de partidista, de la exclusión social-económica, de la pobreza y la miseria, que padece Colombia y que sectores interesados, prefieren mantenerlas para garantizar la acumulación de riquezas para su exclusivo beneficio. Es lo que inequívocamente representan, el uribismo y vargasllerismo.
Toda posición de izquierda ha sido reprimida violentamente por una derecha armada y muchas veces en alianza con el Estado (chulavitas, falsos positivos, etc.). Esa la causa del exterminio de tantos líderes, hasta tipificar un genocidio político generalizado de izquierda.
Precisamente, con el voto de mañana, tenemos que sentar las bases para superar ese desastre social-político, eligiendo a Petro, que es el único que tiene visión de un futuro mejor y que lo demostró en la Alcaldía de Bogotá, no obstante la persecución y asedio a que fue sometido, por los tradicionales dueños del poder político-económico.
La historia enseña que es posible superar esa diabólica tradición de dominio y exclusión del poder, si se logra que llegue al poder, alguien que despojado de mezquindad y guiado por sentido de responsabilidad social, sea capaz de hacer cambios económico-políticos-institucionales, que permitan construir una nación cuyos objetivos sean la equidad socioeconómico-social y el respeto de la vida.
Hay naciones que lograron elegir gobiernos responsables. Hoy son ejemplo, para Colombia, que permanece sumida en el atraso social y económico.
Corea del Sur, superó la guerra impuesta por potencias extranjeras en 1953. Hace 65 años. Hoy es un país desarrollado, con ingreso per-cápita superior a U$32.000.
Vietnam, quedó destruido a finalizar la guerra 1975-1978. Hoy, 40 años después, exhibe altas tasas de desarrollo integral y ha reducido la pobreza al 10%.
Singapur, se liberó del colonialismo británico en 1965. Quedó sumido en la pobreza. Hoy es una potencia tecnológica, comercial, educacional con ingreso per-cápita superior a U$50.000, con los más bajos índices de, criminalidad, pobreza y desempleo y más altos estándares de calidad y cobertura en educación. Todos, con diferentes sistemas de gobierno. Pero los resultados expresan que han sido responsables social y políticamente. Tengamos en cuenta que Colombia “es independiente soberana y democrática” desde 1810, hace más de 200 años.
Son referentes que pueden facilitar definir por quién votar y volver a equivocarnos. El atraso, el caos y la anarquía que padecen los colombianos, son responsabilidad directa e inexcusable de los malos gobiernos que siempre ha padecido.
