ELECCIONES Y ELEGIDOS

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Por Marcos Silva Martínez.

El ciudadano, vote o no, y por alejado que permanezca de los gajes de la política o mejor  politiquería, al menos pregunta quién ganó. Es común oír: ojalá este si haga algo. Otros dicen: otro igual; bueno, pero aunque robe, pero que haga algo. Son expresiones frecuentes, pre y pos elección.

Todo obedece a que el ciudadano, perdió la confianza en los dirigentes  políticos.  Y  se debe a que los resultados de las gestiones gubernamentales, son paupérrimas o desastrosas y casi siempre matizadas por la corrupción. La corrupción permeó todos los niveles del poder.

Común  es que cada nuevo gobernante, caiga en la rutina de todos sus antecesores. Ejecutar un presupuesto para cumplir con el ordenamiento legal y pagar los favores recibidos de politiqueros, gamonales y lagartos, que hicieron posible su triunfo. Esto se cumple a nivel nacional, departamental y municipal.

Son  las causas de que Colombia, padezca los niveles de atraso socioeconómico, descomposición moral e inseguridad inocultables.

Todo gobernante, nacional, regional o local; si maneja ponderada y honestamente los recursos del presupuesto y no roba ni deja robar, puede tener la certeza de que puede mostrar resultados positivos, para sus gobernados.

Para lograr ese objetivo, tiene que integrar un equipo de colaboradores inmediatos, capaces y de amplia experiencia, no por recomendación de los que apoyaron, política y económicamente. Además, debe  imponer criterio independiente, técnico y legal en sus decisiones y ejecutorias. Debe priorizar y racionalizar el gasto. Debe hacer intensiva y permanente gestión, nacional e internacional, para mejorar los recursos para la inversión.

En Colombia, ocurre lo contrario. El elegido tiene que concertar, su gabinete, con todos los que lo apoyaron interesadamente. Es maña de la politiquería que gobierna, porque así, recuperan la inversión y mantiene el poder y el manejo del presupuesto, convertido en Colombia en el ponqué más apetitoso para politiqueros y delincuentes de cuello blanco.

El primer ponqué es el gabinete, como reparto de cuotas. No importa que el nominado, carezca de todo mérito académico y experiencia. Entre más mediocre mejor. Mejor se acopla a las condiciones requeridas, para los objetivos perseguidos. Hoy por hoy, la desastrosa calidad de la educación pública y las universidades de garaje, garantizan esos especímenes. Vale recordar la caricatura del corbatín, en Locombia: gobernaré con los más funestos y rapaces.

Explica por qué en Colombia, los gobernantes se niegan a aplicar el criterio de meritocracia. La Corte Constitucional, tuvo que obligar al ultra derechista Procurador Ordoñez a aplicar meritocracia a más de 1.300 funcionarios. Acaba de ocurrir con la tenebrosa destitución del Director de Colciencias, por actuar correctamente.

Eso ocurre en todas las dependencias oficiales. Hacen festín con los cargos públicos y la fronda de Supernumerarios y Asesores inútiles.

El gobernante, prefiere mal gobernar que incumplirle a sus impulsores, sanguijuelas de la burocracia y de los dividendos oficiales.

Por eso Colombia está como está. El elector debe pensar y analizar la macabra realidad política y social de Colombia y tratar de no volverse a equivocar.

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