EL PAÍS ESCOGIÓ MÁS DE LO MISMO, PERO…

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Por Carlos Tobar

Acaba de terminar la justa electoral que, ha definido la composición del nuevo congreso de la república. Aún se está en los escrutinios para confirmar los resultados definitivos y, una primera conclusión es que el país escogió a “los mismos con las mismas”, con, afortunadamente, honrosas excepciones. Definitivamente, el sistema electoral colombiano, heredado y marcado por un siglo de violencias y componendas, no permite ni estimula la participación de las mayorías ciudadanas en la toma de decisiones vitales para la salud y la prosperidad de la democracia colombiana. Es más, la suma de muchos vicios y pocas virtudes: la compra de votos que, en esta ocasión, llegó a niveles nunca conocidos, el uso del aparato estatal para conseguirlos, las famiempresas electorales, con tal vez el hecho positivo del uso ininterrumpido del sufragio universal por más de 60 años. Pero, además, no permite la elección de los mejores ciudadanos para representar a las diferentes clases, sectores sociales, organizaciones y personas de una sociedad de cierta complejidad como la nuestra.

Que esto es así, lo prueban elegidos indeseados como los herederos del Ñoño Elías y Musa Besaile y, muchos como ellos en todas las listas de los partidos tradicionales. Son la manifestación evidente de la compra de votos, sin que ninguna autoridad del Estado –especialmente la fiscalía–, haga nada por impedirlo. Es una actuación delincuencial a la vista de todos frente a la que, las élites gobernantes, cierran los ojos y tapan sus oídos.

No obstante, quiero reseñar dos hechos que hacen alguna diferencia con situaciones anteriores. El primero, es la participación de las Farc con nuevo nombre y utilizando los mecanismos de la democracia para hacer política. Que el instrumento de la violencia armada esté desapareciendo –con contadísimas excepciones– de la vida política nacional es un avance importante en un país donde, durante más de 50 años, tal práctica distorsionó la lucha política y social. El otro, es la fragmentación de las banderías políticas en 6 o 7 grandes grupos que reflejan la composición social compleja de la Colombia de hoy. Ya no hay un poder hegemónico, como el ejercido en el pasado por los partidos históricos, liberal y conservador; hay fisuras evidentes que, así en parte expresen intereses personales, en el fondo son representación viva de sectores y capas sociales. Con esa realidad tendremos que convivir, porque gústenos o no, van a incidir en la conformación de las necesarias alianzas hacia la primera vuelta presidencial y, con mayor razón en la muy probable segunda vuelta.

Los candidatos Iván Duque, Germán Vargas Lleras, Humberto de la Calle, Gustavo Petro, Sergio Fajardo, Juan Carlos Pinzón, Piedad Córdoba y Vivian Morales son encarnaciones de esa realidad social. Si tenemos en cuenta, además, dos sectores políticos importantes como el Partido Conservador y el Partido de la U que no tienen oficialmente candidatos presidenciales, el espectro de las alianzas se torna complejo para la contienda presidencial, y en el futuro hace prever un manejo difícil de las relaciones ejecutivo-legislativo. Algo empieza a cambiar en el panorama político colombiano, ojalá ese sea el derrotero hacia el futuro.

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