Por Aníbal Charry González
Si de acuerdo a la etimología de la palabra, un esbirro es alguien que actúa como secuaz de un poderoso por dinero o por interés que desde luego no asume una postura propia, sino que su accionar obedece a las órdenes que recibe de quien está en un lugar superior de la jerarquía, no cabe la menor duda que el incendiario y resentido discurso pronunciado por quien en mala hora fungió como presidente del Congreso en la posesión del presidente Duque, es la misma representación de la maldad para cumplir con un mandado siniestro y destructivo con fines de venganza propio de su caletre, y por supuesto del patrón que le hizo el pérfido encargo.
Y ello quedó confirmado con la cara de satisfacción que se le vio al que le hizo la malvada encomienda en esa tarde de tormenta en medio de los vítores de sus secuaces cuando el esbirro mencionó su nombre como el salvador de la patria por la elección como presidente del que él dijo, a modo de pleno asentimiento por haberle clavado con mendacidad en el corazón del gobierno de Santos como ajuste de cuentas, la daga infame de la venganza por su traición, confirmada cuando después reunida la secta violenta y vengativa, Uribe espetó en medio de la jarana colectiva, que el discurso de su esbirro era absolutamente necesario, lo cual lo llenó de júbilo por el parte de miserable victoria que le entregaba su mesías elevándolo a figura de prócer de la maldad en el imaginario de los demás tentáculos de la medusa política.
Porque no pudo ser más perverso el encargo que cumplió el bachiller Macías, que utilizó su alta investidura como presidente del Congreso, no para representarlo dignamente como era su deber, sino para cumplir, faltándole al respeto a todos sus integrantes que ya han debido pedirle su renuncia, con la abyecta misión de esbirro soberbio y torpe. Por eso ahora tenemos bien clara la poderosa razón de haber sido escogido por el mesías para que fuera presidente del Senado, porque solo Macías por su mezquina condición humana y servil, de la mano de su manifiesta ignorancia que como se sabe es atrevida, podía cumplir el ominoso encargo que nos llenó de vergüenza y oprobio a los huilenses y a los colombianos, presentando al país como coquero y el más violento y corrupto del planeta ante centenares de representantes de la comunidad internacional, que en medio de su asombro quedaron notificados para no visitar ni invertir en este platanal presidido en la rama legislativa por un esbirro iletrado y vengativo a quien le importa un comino la suerte de Colombia.
Pudo Macías haber aprovechado esa oportunidad histórica con un discurso de altura, pero era mucho pedirle a quien su figuración política se la debe a reptar al lado de su patrón con mentalidad de mandadero de pesebrera, hecho solo para servir de esbirro incitador del odio y la violencia política que tanta mortandad y destrucción le ha dejado a nuestra patria. Y aquí aspiran a homenajearlo por su ignominiosa gesta.


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