Por Luis Alfredo Ortiz Tovar.
El debido proceso, más que ser una institución de contenido jurídico, lo debe ser de contenido ético. Miremos este reciente episodio que de paso sea dicho, refleja en gran medida, y lo debo decir tristemente, muchos actuares de personas en lo más cotidiano, pero también en lo más complejo de un acontecer. El subsecretario del Senado de la República, Saúl Cruz, en plena sesión del Congreso accede a los micrófonos de la plenaria para decir casi rayando en el llanto, que acaba de ser agredido por reporteros del único noticiero en el país que pisa callos, Noticias Uno. Sin más ni más, miembros de diferentes partidos políticos, unos más iracundos que otros, solicitan con inmediatez prohibirles el acceso al recinto del Senado, otros a insistir sin argumentos que no pueden seguir siendo más objeto de ataques, ahora físicos a gente de bien. Este tan pequeño acontecimiento que de inmediato fue dado por hecho, hubiese quedado así, sino fuera porque se contrastó con material probatorio que de inmediato generó el arrepentimiento de los que de afán condenaron, y de quien hizo la falaz afirmación. Esta injusticia que puede ser poca, no es sino el ejemplo de la manera como sociedad estamos actuando. Convertimos en un instante las mentiras en verdades, y las verdades en mentiras, muestra de que hay un daño muy fuerte en las entrañas de nuestra sociedad, que puede ser también reflejo de la formación que estamos recibiendo en colegios y universidades.
Y no pensar, sino saber que persiste la idea dañina de que ni colegios ni universidades necesitan de la filosofía, de donde entre otras sub ciencias emana la deontología, o el mundo de los deberes. O ¿Acaso será porque todo se nos convirtió en derechos?. No faltaría más. El más elemental y natural deber, es el de decir la verdad, el no traicionar la buena fe de los demás, el de ser leales y solidarios ante las desgracias ajenas. Por eso es que hay que reclamar de los periodistas, ir a la fuente y contrastarla, de los jueces, sopesar su decisión con el argumento y el contra argumento, o lo que es lo mismo, la pretensión con la excepción u oposición, la de quien emite un juicio contra alguien, conocer el de a quién va dirigido. Con seguridad, ahora misma hay más culpables en las calles, que inocentes en las cárceles.
Si actuar éticamente exige el comportamiento recto y correcto de las personas, que no es otra cosa que aflorar la verdad, no imputar a nadie algo que ni ha dicho ni ha realizado, respetar el cauce natural de los procesos, de un lado y del otro, que lo llaman debido proceso, y nos resulta tan difícil aceptar y respetar, esta es una sociedad de enfermos terminales que por tanto urge un tratamiento, que puede desarrollarse a través de una adecuada educación


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