DIOS COMO INSTRUMENTO

Actualidad Columnistas

Por Aníbal Charry González.

El nombre de Dios a través de la historia ha sido utilizado, no como un acto de fe en un ser superior al que hay que respetar y obedecer en su omnipotencia para hacer el bien, sino como instrumento de dominación y miedo para que supuestamente se haga “su” voluntad  en quienes lo invocan por razones de poder, de codicia o de sometimiento, con el exclusivo y mezquino propósito de explotar la fe de la masa creyente en su beneficio – que está convencida de que quien se rotula como tal, per se es bueno -, no obstante que creer en Dios como bien lo dijera el papa Francisco no es necesario para ser una buena persona, pues “algunas de las mejores personas en la historia no creían en Dios, mientras que muchos de los peores actos se cometieron en su nombre”.

 Y de eso tenemos miríada de ejemplos en la historia de la humanidad: las Cruzadas, la Inquisición, el Descubrimiento y la Conquista de América, las miles de guerras que hemos padecido, las tiranías de todo pelaje que han dejado regueros de muertos y destrucción; y en nuestro país todas las violencias y el ejercicio del poder político y hasta el propósito de “refundar la patria” como se hizo con el pacto de Santa Fe de Ralito  para cometer toda clase de crímenes, convencidos  los que invocaron a Dios, que es el mejor instrumento para llevar a cabo los actos más ruines – que saben justifican  los fanáticos creyentes -,  aceptando que todo vale para que se haga su “santa voluntad”, atribuyéndole desviadamente todo lo  malo que se haga en su nombre.

Dios invocado para toda suerte de nimiedades y perversidades, cuando se sabe por la tozuda realidad mundana que no hay intervención alguna de “su” parte para evitar las miserias, las tragedias, las desigualdades y las mortandades, como que solo 28 millonarios acumulan la riqueza de la mitad del mundo, y las muertes por hambre y desnutrición, y desde luego la violencia incitada por la dirigencia  que tanto invoca la influencia divina, que bien sabe de la eficacia del poderoso instrumento convertido en  una simple muletilla de acuerdo al interés particular de quien lo utiliza.

En nuestro descaecido país y por supuesto en esta  parroquia regional donde abunda el fanatismo religioso, los politiqueros sí que saben que la huera invocación a Dios genera réditos electorales, y por eso se declaran elegidos de la deidad para obtener el poder político, como lo ha hecho, por ejemplo, el precandidato conservador Carlos Ramiro Chávarro, quien afirmó con ínfulas de iluminado que no es su propia aspiración personal la que va a hacer valer para ser “el elegido”, sino que son los caminos y los tiempos de Dios los que han dispuesto que él sea el próximo gobernador del Huila. Que no es otra cosa que la invocación de Dios como inveterado instrumento para elegir y someter, como la han utilizado a su pérfido amaño los que sabemos para robarse 50 billones de pesos al año, que lo atribuyen, claro, a la “voluntad de Dios”. Y les han creído.

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