Por Luis Alfredo Ortiz Tovar.
Lamentable en extremo la nueva dinámica que se empieza a visualizar en el territorio nacional, como si se tratase de una espiral inacabable donde solo se mueven los escenarios de violencia, odio, corrupción, irrespeto, e individualismo. “Violencia Política”. Así abrió el periódico La Nación su matutino ayer, y en sus páginas interiores, “Intimidación a sede enrarece ambiente político” “Vuelve el temor a Vegalarga”, “Águilas negras amenazan de muerte a dirigentes de FECODE”. Todo este despliegue en un solo día, en un solo periódico. Pero también ayer mismo en Caracol radio, se abría 6am-9am con la solidaridad frente a la periodista Mabel Morales, a quien le decían en redes sociales que se vuelva para Cali a vender chontaduros. Y no expongo más casos de tan solo ayer para no caer en la especulación ni el negativismo.
Terrible que en este país se denigre de una profesión u oficio, de una creencia religiosa, de un color racial, de un determinado partido político, de un noticiero imparcial, de un caricaturista, o de un articulista, pero más complejo y entristecedor, que se asesine, , se desaparezca o se vilipendie por dicha condición. No bastaron cincuenta largos años de confrontación, de guerra política, de bandolerismo, de narcotráfico en la máxima expresión de ansias por el dinero fácil, de paramilitarismo. Parece que ha sido poco, y para cerrar, pero al tiempo abrir lo que sucederá en el país, guerrilleros que se vistieron de perdón y enmienda disfrazada, volvieron a calzar las botas, los uniformes, y las armas, que contribuyeron a la tragedia de las viudas y huérfanos que hoy son contados con los cuarenta y ocho, cuarenta y nueve, o no sé cuántos colombianos.
La respuesta no puede estar solamente dada por la confrontación. Bienvenida sí la fuerza legítima del Estado al servicio de la salvaguarda de los derechos de los ciudadanos, pero en lo que no podemos volver a caer es en otros interminables cuarenta o cincuenta años para extirpar el cáncer del paramilitarismo, la guerrilla, o los grupos armados organizados. Las verdaderas consecuencias de la continuidad de estos escenarios y formas de atacarlos, solamente la están pagando las comunidades de la periferia que vuelven a recontar sus muertos, campesinos, indígenas, líderes sociales, candidatos honestos unos, deshonestos otro tanto.
Por lo anterior, debemos en un ejercicio respetuoso pero con sentido patrio y de deber, saber de qué realmente estamos hechos. ¿Será cierto que son más los buenos que los malos? Con el perdón de ustedes pero en ocasiones lo dudo. Porque ser malo también es quedarnos callados frente a las injusticias. Nos queda solo el limbo, ese lugar que religiosamente se dice es el espacio para ir o al infierno o al paraíso. ¿Para dónde va usted? Obra de conformidad.

