CONCLUSIONES

Actualidad Columnistas

Por Marcos Silva Martínez

Asistimos al festín electoral, realizado para  reeditar el poder legislativo.  Hubo algunos cambios de nombres, pero las mayorías siguen representando el continuismo, de la estructura, tendencias y compromisos del poder político y económico nacional.

Bajo ese modelo de poder y el  marco institucional que lo legitima, es imposible lograr desarrollo nacional equitativo e incluyente para mejorar las condiciones de vida de las mayorías nacionales.

El  actual congreso, es uno de los  peores  de la historia nacional y el próximo puede ser peor, por lo que  se  advierte en las alianzas fundamentadas en cálculos mezquinos y por  los planteamientos estrictamente populistas, de los candidatos  de extrema derecha (uribismo, Vargasllerismo), con lo que solo buscan asegurar el dominio del poder económico y político. Lo que plantean es simple maquillaje de sus protervos propósitos.

La caótica situación socioeconómica y fiscal nacional, para superarla,  exige redistribución del ingreso y éste, solo  se logra con un ordenamiento legal capaz de mejorar los ingresos de todos los colombianos que solo es posible lograr, con desarrollo económico integral de todos los sectores de la economía y la participación directa y activa de todos los colombianos.

Con los resultados de los comicios legislativos del domingo y el evidente poder  de las maquinarias de los políticos de la extrema derecha y sus  objetivos de poder, es imposible cambiar el panorama económico, social, fiscal y de desarrollo integral nacional.

Colombia está sumida en un  caos y anarquía institucional y social. La  ética y la moral sucumbieron en el festín de la politiquería y el  clientelismo. Bajo esas condiciones,   la corrupción en la política y en el manejo de lo público se convirtió en el eje del poder político.

Para los  ciudadanos que creen en la necesidad del imperio de los valores humanos y de  la ética pública, es una responsabilidad  moral ineludible, enfrentar el desafío de reconstruir la institucionalidad y la gobernabilidad, de la nación, para profundizar la democracia y viabilizar  el desarrollo socioeconómico integral, para beneficio de todos los ciudadanos.

Ante tal desafío, conviene recordar a Platón al definir el perfil del gobernante para el Estado perfecto. El gobernante  “debe estar dominado  por la prudencia para decidir lo que es mejor para todos en conjunto.” Es decir, para las mayorías.  “…la persona ideal para gobernar el Estado es, el filósofo, el humanista, dotado de memoria, grandeza de alma, de afabilidad, amigo y aliado de la verdad, de la justicia, de la fuerza y de la templanza. Perfeccionado por la educación y la experiencia”. Y agrega: “el gobernante debe estar por encima de los celos y la envidia, y su formación debe ser rigurosa”.

¿De los gobernantes que ha tenido Colombia y de los candidatos actuales, cual tiene ese perfil?  Ninguno.

¿Cuál tiene  la formación,  capacidad intelectual, valor civil y responsabilidad social, para hacer las reformas que mejor le convienen a la sociedad y al desarrollo nacional en general?

¿Cuál es capaz de hacer por referendo, reforma pensional y salarial para que nadie reciba por pensión,  más de  diez salarios mínimos mensuales  y por salarios y complementarios  máximo veinte salarios mínimos mensuales y salario mínimo de un millón de pesos? Si lo ubica vote por él.

Bajo esas condiciones, todos los candidatos de la extrema derecha son desechables.

Como todo ciudadano debe ejercer su derecho a votar, es decir a elegir, debe entonces, por responsabilidad consigo mismo, con su familia inmediata y con las   generaciones futuras, seleccionar al que sea capaz de hacer la reformas fundamentales, para mejorar las condiciones de vida de todos los colombianos, y no solamente la de unos pocos, como ha acontecido hasta ahora en Colombia. Ningún candidato que represente la derecha, las puede hacer. Sus compromisos son con la oligarquía, con las élites. La historia lo ha demostrado durante más de 200 años.

Comentarios

1 thought on “CONCLUSIONES

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