Por Carlos Tobar.
Esta semana salió el informe del Panel Intergubernamental para la Evaluación Global sobre la Biodiversidad y el Estado de los Servicios de los Ecosistemas (IPBES, por sus siglas en inglés) que, en su séptima reunión realizada en Paris hizo una radiografía de la situación actual del planeta.
“La evaluación supone una base de conocimiento fundamental para orientar la toma de decisiones en materia de conservación y uso sostenible de la biodiversidad. Sus conclusiones serán especialmente relevantes para la elaboración del próximo marco internacional en materia de biodiversidad para el periodo posterior a 2020, que se prevé adoptar en la próxima reunión de la Conferencia de las Partes del Convenio para la Diversidad Biológica (CDB), que tendrá lugar en la ciudad de Kunming (China) en el año 2020.”
Las conclusiones no pueden ser más dramáticas.
“La evaluación global confirma que en los últimos 50 años la biodiversidad y los servicios de los ecosistemas, elementos esenciales para la existencia humana y su bienestar, se están deteriorando en todo el mundo y a un ritmo mayor que nunca antes: el 75 % de la superficie terrestre ha sufrido alteraciones considerables; se ha perdido más del 85 % de la superficie de humedales y el 66 % de la superficie oceánica está experimentando efectos acumulativos. Alrededor del 25 % de las especies de animales y plantas evaluadas están amenazadas (más del 40% de los anfibios, casi el 33% de los corales de arrecife y más de un tercio de los mamíferos marinos, entre otros resultados). Más del 9% de las razas domesticadas de mamíferos se extinguieron hacia 2016 y al menos otras 1.000 razas más se encuentran amenazadas.”
“El informe confirma el papel fundamental que desempeña la naturaleza en la provisión de bienes y servicios básicos para la humanidad, como alimentos y piensos, energía, medicamentos o recursos genéticos. A través de los procesos ecológicos, los ecosistemas sostienen servicios fundamentales para garantizar la calidad del aire, el agua dulce y los suelos de los que depende nuestra supervivencia, regula el clima, propicia la polinización y el control de plagas y reduce los efectos de los peligros naturales.”
Es de tal importancia el trabajo del IPBES que, de la aplicación, inteligente y diligente, de sus estudios depende el futuro de la especie humana sobre la tierra. En Colombia, utilizando la metodología IPBES, el Instituto Humboldt, en colaboración con la WWF y el Ministerio del Medio Ambiente, están realizando la evaluación de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos para, con base en sus resultados, emprender la gran tarea de reordenamiento del territorio. Por lo pronto, hay que emprender con energía la tarea de contener la grave deforestación que amenaza la estabilidad de regiones enteras del país, empezando por la arremetida contra la Amazonia, el principal pulmón de la Tierra. Particularmente, la preservación de los parques nacionales tan caros para nuestra región circundante

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