El implementar medidas económicas impositivas en medio de la pandemia, sin reducir gasto público administrativo desbordado, es ilógico desde el punto que se analice, sea por erudito o el simple ciudadano de populosa o lejana comarca colombiana.
La demostración de verdadera política de austeridad por parte del Poder Gobernante, si puede convencer o calar entre una población que padece el impacto de la estrechez económica y la devaluación de moneda visible en el creciente incremento del cambio del dólar.
El uso del erario para pagar cargos oficiales innecesarios ocupados por quienes carecen tanto de mérito o preparación académica, es bofetada a la población e incentivo para acrecentar descontento general contrarrestado con la Fuerza Pública, que obedece ciega.
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Un concepto
Por Alejandro Cabrera Villamil (Tomado del perfil de Facebook)
La mediocridad de los políticos hace que sobrevivan basados en la nómina burocrática, los contratistas, testaferros y ad-lateres que como sanguijuelas viven pegados a ellos porque su propia mediocridad les impide abrirse camino como independientes o como integrantes de empresas que requieren verdaderos innovadores. Esto hace que la nómina del gobierno central, de los departamentos y municipios, haya llegado a ser tan gigantesca que nos está aplastando. Las nóminas paralelas en muchos casos hacen que el personal de planta no trabaje y se conviertan en verdaderos parásitos. Súmele a esto el ejército de Toyotas, choferes, guardaespaldas, viáticos, celulares y todos los abusos que cometen estos mediocres y prepotentes personajillos, y entenderemos porqué los colombianos tenemos que molernos las espaldas trabajando para mantenerlos. Si a esto le agregamos los cincuenta billones que según la contraloría se roban los corruptos en contubernio con los parásitos de la burocracia, entonces podremos entender porqué cada gobierno monta su propia reforma tributaria. Definitivamente nuestro estado necesita urgentemente una reingeniería total. Pero mucho ojo. No se trata de derrotar a los pícaros que nos gobiernan actualmente, para elegir otra cáfila de bandidos peor que la anterior como ocurrió en Venezuela. Tenemos un año para meditar sobre los cambios que necesita nuestra sociedad y elegir a aquellos ciudadanos que nos ayuden a lograrlo. Esto se hace con cabeza fría y no como perros rabiosos comiéndonos a dentelladas unos a otros. Los colombianos exigimos austeridad y cero corrupciones.
