Siete décadas de vida entre esos muros, el pasillo donde el tiempo echó raíz, los recuerdos que aliviaban los apuros en la casa que te vio nacer feliz.
Pero el frío del dinero no entiende de años, ni de canas, ni de herencias, ni de hogar, te sacaron en camilla, entre extraños, cuando el barrio entero se empezó a quebrar.
Tu dolor cruzó los pueblos y las plazas, un clamor que de repente despertó, un estallido que encendió todas las casas, que en la Puerta del Sol tu nombre repitió.
No os quedéis en casa, seguid luchando, fue el susurro que desde el hospital nos diste, mientras, España entera iba gritando por la justicia que en la calle defendiste.
Llegó tarde el acuerdo y la promesa, ya tus ojos no volvieron al balcón, pero queda tu coraje en nuestra mesa, como un faro que ilumina la nación.
Descansa en paz, Maricarmen, tu herencia es viva, el cemento ya no puede tu voz callar, mientras quede una trinchera combativa, nadie el suelo nos volverá a robar.
