Por Luis Alfredo Ortiz Tovar.
De todos los matices, y de todos los colores, son quienes hoy pretenden alcanzar el voto popular para obtener una curul en el Congreso, y a renglón seguido un puesto en el solio presidencial. En una democracia, que mejor que así sea. Bienvenido quien busca argumentativamente acceder al poder con propuestas e ideas realizables y no quiméricas, y con la honestidad de quien quiere ofrecer parte de su tiempo al servicio básicamente de los menos pudientes. Bienvenida la oratoria, la disertación y la discrepancia, sin insultos, sin causar daño al oponente, y sobretodo sin manosear a quien termina colocándolos o retirándolos de la miel del poder, el elector. Éste debería ser sujeto del mas alto respeto, del mas pulcro proceder, del menor desprecio posible luego de cumplir con la designación… A esta altura, ya habrá con sobrada razón quien diga que esto solo es posible en el país ideal, en el lugar imaginario, y en todo caso en cualquier parte menos en nuestra patria.
Puede ser, y respeto quien así piense, porque lamentablemente a eso nos ha llevado la sumatoria de procesos eleccionarios que han tenido ocurrencia en vida de la Colombia que conocemos y que nos contaron. Si por un instante miramos todas las necesidades de país, el desprestigio de las instituciones, la descomposición social, los grados tan altos de pobreza, la violencia callejera, guerrillera, paramilitar, bacrinal, y un largo etc, deberíamos entender la necesidad inmensa de posicionar en los escenarios del poder político a la más alta clase dirigente, que fuese capaz de gobernar, y cogobernar sin mezquindad, con la altura de la necesidad de las circunstancias actuales, con el deseo de incluir y no de dividir, de reconciliar y no de odiar, de hacernos hijos de una misma patria, y en ese sentido de procurar que todos por igual tengamos las mismas oportunidades para crecer y no seguir privilegiando a los privilegiados.
Sigo en la esperanza, y lo hago adrede, porque sigo resistiéndome a creer que debemos seguir padeciendo otros cien años de soledad, sumados a los otros cien que pasaron en la primera etapa republicana. ¿ Será que es iluso pensar que en un acto pulcro, autónomo y claro, quienes tenemos la posibilidad de escoger, lo hagamos solo con la inspiración de votar por quienes nos inspiran y no por quienes nos compran?. A todas estas, veo moverse por la región hordas de políticos, que con maletas cargadas de ilusiones, hacen proselitismo con el único fin de sumarle a la meta para salir, pero sin conocer nuestras realidades, acrecentando y promoviendo las malsanas costumbres electorales. Derecho tienen, ni más faltaba, pero les falta legitimidad quienes vienen solo por una suma.
Una nueva oportunidad se cierne en el ambiente, aprovecharla, sería benéfico para todos. No olvidemos que mucho falta para ser un Estado digno, pero poco para terminar de exterminarlo.

