¿EL PROBLEMA DEL DESARROLLO ECONÓMICO, ES LA TIERRA IMPRODUCTIVA?

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Por Carlos Tobar.

Gran alboroto ha causado, en algunos sectores sociales, la afirmación de Gustavo Petro de que en su gobierno aumentaría el impuesto predial rural para los latifundios improductivos con el objeto de que gran parte de esa tierra, entre al mercado, ya sea porque sus dueños actuales la pongan a producir o porque, ante la eventualidad de no hacerlo, tengan que venderla; en cuyo caso el estado entraría a comprarla, probablemente con bonos del gobierno. La afirmación no es ninguna novedad. Esa es, precisamente, la política que están recomendando el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional –los gendarmes por excelencia del gran capital financiero parasitario–. La están impulsando porque, ante la escasez progresiva de tierras de cultivo con agua en el mundo, los grandes capitales están comprándolas en todos los confines del planeta, especialmente en África, Asia y América Latina. Son conocidas las compras en Brasil y Argentina que, han generado grandes discusiones y, los embates que han hecho sobre la altillanura colombiana que, gracias a las denuncias del senador Robledo, no han podido concretar, aunque la conocida como ley Zidres, abre un boquete de gran riesgo al facilitar el acceso al control de la misma por los grandes monopolios.

La tesis de Petro, va acompañada de la aseveración de que, el gran obstáculo para el desarrollo industrial y agroindustrial del país es ese latifundio improductivo. Se enfila entonces, sobre el poder terrateniente –hoy representado mayoritariamente por dineros del narcotráfico–, cosa que es cierta, pero, oculta que la razón por la cual esas tierras y otras del agro colombiano, no se pueden explotar como debiera hacerse, es por la camisa de fuerza que el capital bancario, primero, y, luego el capital financiero parasitario que succiona la economía nacional, ha instaurado sobre ese sector productivo. El campo, como la industria, no pueden progresar es por el andamiaje de políticas e instituciones que como vampiros atenazan al sector productivo, manteniéndolo famélico, raquítico, débil. El peso insoportable del crédito caro, del costo de la energía impagable, del costo de los combustibles y en consecuencia las tarifas de transporte, de los impuestos asfixiantes, de las normas de los tratados de libre comercio que privilegian la producción externa sobre la propia. Esos, y otros más sutiles, como los derechos de propiedad intelectual o las reglas de comercio transfronterizo, son los verdaderos causantes de la ruina de la producción nacional. ¿Por qué ocultarlo? ¿Por qué no abrir la discusión sobre los problemas principales y no sobre aspectos, aunque importantes, secundarios, como la propiedad de la tierra? La batalla de los colombianos por desligarnos de las garras del capital financiero parasitario es la gran batalla por la soberanía y la independencia, condiciones imprescindibles para enrumbarnos por el camino del progreso. No hay otro posible.

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