Por Luis Alfredo Ortiz Tovar.
No es fácil en la condición humana el altruismo, visto como esa vocación sin titubeos y con dedicación de servir al prójimo, sin más consideraciones que la de expresar el amor por el otro, y entender el dolor ajeno en medio de la adversidad. Y no lo es, porque aun cuando nos tildan de seres sociables, en muchas de las veces, somos individualistas y posesivos, sin importar el otro, y solo en la búsqueda de un avance hacia lo personal.
Contaría con los dedos de la mano en la región, personas que han dejado una honda labor al servicio de la comunidad, sobre todo la más necesitada, queriendo el anonimato, por entender que lo que realmente cuenta es el servir y no que noten su servicio. Emblemáticamente diría que ejemplo de este tipo de personas es el médico ROBERTO LIEVANO PERDOMO, hombre que una vez formado en la medicina, espacio por donde se puede prestar un excepcional servicio al necesitado, dedicó literalmente más de media vida a servir paralelamente a su profesión, en el escenario de la institución humanitaria de mayor credibilidad e impacto en el mundo, cual es el Movimiento Internacional de la Cruz Roja. El Huila le debe la fundación de la Cruz Roja Seccional Huila cuando con su disposición, arrancó su labor en Junio de 1.972, veinticuatro años después, que improvisara una ambulancia para asistir heridos producto del luctuoso asesinato del caudillo Jorge Eliecer Gaitán.
Fueron hasta noviembre del año que acaba de terminar, 45 años de arduo trabajo, denodado, silencioso, pero sustancioso, con la entereza y fortaleza de los robles, y cedros que aún quedan en nuestras selvas, luchador incansable por el humanismo, la dignidad de la persona, con cuyo motor fue edificando y consolidando una entidad que no admite discusión alguna sobre su imparcialidad, y laboriosidad, coadyuvado por un grupo de voluntarios, hombres y mujeres, jóvenes y longevas, que como él tienen la impronta del servicio sin recompensa, y el espíritu del humanismo encarnado solo en quien entiende el amor por el otro.
Muy seguramente en su interior le despidieron con el aprecio del abrazo y la lágrima de admiración, pero que al menos lo haya notado fuera de la institución que le ofrendó gran parte de su existencia, que por fortuna sigue sólida, no se advirtió reconocimiento alguno, mismo que no reclama ni reclamará, dada su condición de tal. A riesgo de no querer que sean públicas estas breves letras, me sustraigo de su postura, y le expreso en nombre de mis paisanos un abrazo de gratitud.
Y qué mejor que en su reemplazo esté una mujer que desde los trece años ejerce el voluntariado con el amor y dedicación que le legó su antecesor, seguros de que como él, seguirá engalanado el trabajo de la Cruz Roja en el Huila, la doctora ANGELA MARÍA SANCHEZ.

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