Y SEGUIMOS.

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Luis Alfredo Ortiz Tovar.

Se cumplen 60 años de haber dejado el poder Gustavo Rojas Pinilla luego que gobernó militarmente y, bajo golpe de estado al país. ¿Sirvió de algo ese accidente político? ¿Transformó en algo al país estructuralmente,  políticamente o socialmente? Pues muy sencillo porque todo está en la historia reciente. Se tomó el poder con las armas, aprovechó los recursos del Estado y la tecnología del momento para tener mejor aviación, televisión pública, aeropuertos, vías e infraestructura que en alguna medida le cambió la cara al país  (se le da el crédito) pero, le dio una dirección inesperada a la política de futuro inmediato con la creación del frente nacional que por 16 años se impuso en un carnaval para adoptar la silla de presidente entre unos y otros. ¿No creen  que este hecho abonó en la segunda cosecha la polarización de los colombianos? Si en la primera Santander y Bolívar tomaron caminos ideológicos distintos (color político), si había verdaderas diferencias entre ellos, ¿por qué hoy, no se notan?  Conservadores y liberales que estudiaron en el mismo colegio, que vivieron en el mismo barrio, que comieron en el mismo plato, que iban al mismo templo ¿son enemigos de verdad en su manera de pensar y gobernar? Pues No. Simplemente se formaron en escuelas de sus propias casas  ( delfinazgos) para imperar a la manera de las monarquías que heredan los títulos y los cargos.  La diferencia está en el color y nada más. La publicidad en sus campañas promueve la división entre los ignorantes que creen estar siendo fieles a sus líderes sin saber que el fin es el mismo y que ellos hacen parte de ese reino para llenar su mente de orgullo, figurar en la sociedad y pasar a la historia con los bolsillos llenos. En aquel régimen dictatorial de Pinilla hubo muertes entre familiares, vecinos y amigos por el color del partido; persiguieron a los trabajadores, mataron a estudiantes, secuestraron a subversivos y muy irresponsablemente dibujaron el camino de la injusticia hasta los  gobiernos siguientes con el juego y los despistes para que no alumbrara el cinismo. Surgió  la Anapo, el M-19 y otros  partidos de izquierda. Nació el Moir, la UP, etc., hasta que en el nuevo milenio brotaron los verdes, los religiosos que se volvieron políticos, los centros democráticos y antidemocráticos y los cambios radicales que nunca han propuesto cambios radicales.

Lo que veo es que la novela política de Colombia es una ópera televisiva que no termina. Simplemente cambian los estilos, los directores y los actores. En conclusión: sí hemos sido una nación gobernada por una dinastía elitista que por ningún motivo darán a conocer el know how.  Mi verdadero revolucionario en la historia de este país fue Guadalupe Salcedo que, en la euforia de su inconformismo escribió: “El pueblo no tiene dos partidos, sino que la oligarquía,  la partió en dos para repartirse el destino de la patria”.

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