LLEGÓ EL GRINGO FEO

Actualidad Columnistas

Por Carlos Tobar

Si algo diferencia a los gobiernos, saliente y entrante, de los Estados Unidos es la apariencia de los mismos. De Obama, se dice que ha sido el presidente más carismático de los últimos años. Por el contrario, Donald Trump, parece ser la encarnación del “gringo malo”, el clásico matón de las películas del oeste. Que en la campaña electoral el señor Trump, haciendo una lectura acertada de la indignación social de importantes sectores de los trabajadores, especialmente blancos –pero no solo ellos–, y de muchos sectores sociales afectados por la globalización –incluyendo a sectores empresariales–, hubiese apelado a formas grotescas y vulgares de hacer política antisistema y, a planteamientos “nacionalistas” que evocaban épocas doradas del capitalismo estadounidense, no lo hace radicalmente diferente del educado y amable señor Obama.

La verdad, es que el gobierno Obama se caracterizó por la defensa cerrada del orden de la globalización neoliberal. No fue, propiamente, un defensor de las necesidades y derechos de los desechados por el libre comercio monopolista. Para hacerlo, en lo interno aplicó políticas que favorecieron los intereses de los grandes bancos y multinacionales norteamericanas, sin reato alguno: facilitó el desarrollo de la política extractiva de combustibles fósiles, petróleo y gas, llevando a los EE.UU., a ser el primer productor mundial, no obstante su tímido apoyo a las medidas de protección ambiental frente al cambio climático; estimuló, con los tratados de libre comercio, la deslocalización de miles de factorías estadounidenses a países en desarrollo (México, Taiwán, América Latina, África, sureste asiático, etc.) donde les reducen los impuestos y pagan salarios más bajos que en el mercado norteamericano; deportó más inmigrantes ilegales que ningún gobierno anterior, especialmente centroamericanos, latinos y musulmanes… En política internacional utilizó la fuerza militar sin contemplaciones, bombardeando pueblos y países ocupados ilegalmente, como Irak, Siria, Libia, Afganistán, etc., en un desborde de brutalidad donde ni el asesinato personal de “terroristas” quedó de lado. Si se hace un balance de la verdadera cara de Obama, habría que decir que el problema de este personaje no es que fuera negro, sino que era imperialista.

Con Trump, pueden venir épocas difíciles pero parecidas a lo que ha sido la historia reciente de las relaciones de los pueblos con un imperio. Que va a crear dificultades a la política de libre comercio globalizadora, como su decisión de retirar a los EE.UU. del tratado transpacífico –TPP, por sus siglas en inglés–, o su visión de la Unión Europea no como un aliado sino como un competidor, o su relación con la Rusia de Putin, es el resultado del fracaso de una política que excluye a la mayoría de los pueblos de los países ricos y en desarrollo, que crea contradicciones políticas insalvables que, inicialmente tratarán de capitalizar los adoradores del pasado capitalista, con personajes como Trump. Finalmente, terminará defendiendo lo mismo de los Obama y similares, ante la incapacidad de construir un nuevo orden para un mundo que exige la inclusión y la igualdad para “los condenados de la tierra” de que hablara Franz Fanon.

Comentarios

1 thought on “LLEGÓ EL GRINGO FEO

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